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viernes, 4 de diciembre de 2015

La pobreza se convierte en el eje de las disputadas elecciones en Venezuela (tome una foto en el padrón electoral pues lo modificaran con el fraude masivo) // Por KEJAL VYAS encontrado en el WSJ

La pobreza se convierte en el eje de las disputadas elecciones en Venezuela (tome una foto en el padrón electoral pues lo modificaran con el fraude masivo)

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 Según un estudio de Encovi, un consorcio de profesores universitarios, 76% de los venezolanos vive en situación de pobreza.


Según un estudio de Encovi, un consorcio de profesores universitarios, 76% de los venezolanos vive en situación de pobreza. PHOTO: GEORGE CASTELLANOS/AGENCE FRANCE-PRESSE/GETTY IMAGES

Por KEJAL VYAS

Viernes, 4 de Diciembre de 2015 0:12 EDT

FILA DE TURGUA, Venezuela—El fallecido presidente Hugo Chávez ganó la lealtad de parte de la población mediante la distribución de miles de millones de petrodólares para sacar a millones de venezolanos de la pobreza. El dinero, sin embargo, se ha agotado para el sucesor que él eligió a dedo: el presidente Nicolás Maduro.
Menos de tres años después de la llegada de Maduro al Palacio de Miraflores, la economía del país está en ruinas, perjudicada por los bajos precios del petróleo, y la pobreza es más prevalente que cuando el chavismo, el movimiento de izquierda promovido por Chávez, tomó el poder hace casi 17 años.

Los males económicos de Venezuela han convertido la pobreza en un tema central de campaña con miras a las elecciones legislativas del domingo. Según las encuestas, el gobernante Partido Socialista Unido podría perder su mayoría, en momentos en que los ciudadanos enfrentan una inflación de tres dígitos, una escasez crónica de alimentos y un colapso general de las instituciones del estado de bienestar que alguna vez repartieron lo que parecía una interminable reserva de comida barata y vivienda gratuita.

“En vez de sacarnos de la pobreza, este gobierno nos ha dejado más pobres que nunca”, dice Yamileth García, una asistente escolar que por 26 años ha vivido en Fila de Turgua, un enclave montañoso empobrecido al sur de Caracas.


Los problemas que enfrentan unos 20.000 residentes de Turgua, que tiene cuatro clínicas públicas pero ningún médico, reflejan la decadencia de los estándares de vida que está empujando a millones de personas de vuelta a la pobreza.

Muchos de los residentes del pueblo viven en casuchas de adobe y techo de hojalata, con suministro restringido de agua y electricidad. Mercal, un minorista del gobierno, limita las compras de bienes marcadamente rebajados a una vez por semana, pero hace poco permaneció cerrado por tres semanas seguidas. Cuando abrió, permitió la compra de una porción de carne por cliente, y aparte de eso ofrecía sólo arroz, pasta y leche en polvo. “Eso no es suficiente para una familia”, dice García. “Realmente necesitamos un cambio”.

Un nuevo estudio realizado por Encovi, un consorcio de profesores universitarios venezolanos, indica que 76% de los ciudadanos viven ahora en situación de pobreza cuando se mide por ingresos, el nivel más alto desde 1975. Eso se compara con un máximo de 55% y un mínimo de 21% durante la presidencia de Chávez.

La medición de la pobreza, algo complicado en cualquier parte, es aún más difícil en Venezuela por la escasez de datos. El gobierno dejó de publicar estadísticas de pobreza tras la llegada de Maduro al poder en 2013 y no ha dado a conocer indicadores económicos básicos como la inflación y la producción desde fines de 2014.

Otra pieza del rompecabezas es el engorroso sistema cambiario, que al componerse de cuatro tasas de conversión muy diferentes para el dólar dificulta la comparación internacional de los ingresos de los venezolanos. Al cambio oficial de 6,3 bolívares por dólar, los venezolanos parecen ganar US$1.500 al mes.
No obstante, con el precio del mercado negro que la gente usa en la calle, el salario se reduce a unos US$12 al mes, la mitad del ingreso de un cubano promedio.


Los controles de precios del gobierno, que mantienen baratos productos básicos como el arroz y la harina de maíz, también causan distorsiones. Los artículos bajo este control son escasos, lo que lleva a los venezolanos a pagar en el mercado negro varias veces más que el precio fijado por el gobierno.

Una familia típica necesita el equivalente a ocho salarios mínimos para comprar un mes de suministro de alimentos, según el grupo de investigación Cenda. Un reciente sondeo de Consultores 21, una firma de consultoría de Caracas, indicó que casi un tercio de los venezolanos no puede tener tres comidas al día. “En general, los avances que lograron bajo el gobierno de Chávez han desaparecido completamente en los últimos dos años”, dice Daniel Fermín, investigador de políticas de la Universidad Católica Andrés Bello, quien ha estudiado el colapso de los servicios públicos en Turgua.

El pueblo está a kilómetros de la capital, pero pocos buses se atreven a tomar las carreteras a medio pavimentar para llegar allá.

En octubre, el gobierno suministró tres autobuses fabricados por la china Yutong para aliviar el aislamiento. Sin embargo, dadas las condiciones decrépitas de las vías, los funcionarios locales dicen que es cuestión de tiempo para que los vehículos terminen como los últimos tres que entregó el gobierno, oxidándose en un lote vacío porque la escasez de dólares ha reducido la capacidad de importar repuestos.

“El gobierno nos lanza los autobuses sin ningún apoyo de mantenimiento”, dice Gustavo Cisneros, un vocero del consejo comunitario. “Es un desperdicio”.

El declive de los estándares de vida es demasiado evidente para Ludiana Altuve, directora del colegio privado Mano Amiga La Montaña, en Turgua.

Después de investigar quejas de profesores de que dos estudiantes (de 4 y 6 años) llegaban a clase débiles y desorientados, Altuve descubrió que la familia de los chicos no tenía dinero para darles desayuno. Los dos niños le habían pedido ayuda al guardia de seguridad, que sólo algunas veces pudo comprarles comida. Los menores fueron inscriptos en un programa de desayunos gratuitos de una fundación católica que ahora alimenta más del doble de estudiantes que hace un año. “El problema es que el gobierno nunca sacó a nadie de la pobreza aquí dándoles educación o algo sostenible”, señala Altuve.

La delincuencia rampante, otro problema que pesa de forma desproporcionada sobre los pobres, también ha golpeado el colegio y la comunidad que lo rodea, lo que ha convertido el lugar en un caldo de cultivo para pandillas violentas que reclutan a los jóvenes desilusionados y secuestran a víctimas a cambio del pago de rescates.

El año pasado, el cuerpo de Eliecer Otaiza, un concejal pro gobierno de Caracas, fue encontrado en Turgua con cuatro balazos. Una mañana reciente, relata Altuve, los estudiantes que llegaban a Mano Amiga hallaron el cuerpo de un hombre asesinado a tiros en la puerta del colegio. En agosto, una de sus profesores fue asesinada por un familiar joven al que ella había intentado sacar de una pandilla.

En el escuela estatal Creación Turgua, ubicada poco más arriba en la sierra, el rector Elvis Andrade dice que el establecimiento de 10 aulas es a menudo víctima de apagones, y en semanas recientes sufrió el robo de un televisor, tres monitores de computadora, ventiladores e incluso una de las dos bombas de agua del edificio. “Tratamos de no pensar mucho en eso y seguir pa’lante”, dice Andrade.


Anatoly Kurmanaev contribuyó a este artículo.

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