La mentira que daña a la ciudad....la gente ya sabía que se venía algo grande y el periodista decía que es desinformación y el desinformador era él

El miedo es un negocio rentable. También lo es la desinformación. Este sábado, Puerto Vallarta amaneció envuelto en rumores: supuestos operativos, balaceras, detenciones no confirmadas y “comunicados” de dependencias inexistentes. Nada fue corroborado. Todo se viralizó. El efecto fue inmediato: inquietud entre vecinos, llamadas de alerta y comercios que dudaron en abrir. La mentira, cuando corre más rápido que la verdad, genera un daño real en la vida cotidiana de una ciudad que depende de la confianza.
Las preguntas son inevitables: ¿quién está detrás de la desinformación?, ¿a quién le beneficia el miedo?, ¿quién gana con el pánico? No todas las respuestas son claras, pero una sí: Puerto Vallarta pierde. El principal destino turístico de Jalisco y uno de los más importantes del país vive de la percepción de tranquilidad. Cuando esa percepción se quiebra, se afecta la economía local, la imagen del destino y la certidumbre que necesitan visitantes y residentes.
El golpe no es abstracto. Lo recibe el ciudadano común. El mesero que atiende menos mesas, la camarista que ve cancelaciones, el taxista que pierde viajes, el comerciante que cierra temprano por temor. La desinformación se traduce en ingresos que no llegan, en turnos que se recortan, en decisiones tomadas desde el miedo. La ciudad entera paga el costo de rumores fabricados para generar ruido.
Sería cómodo decir que el principal afectado es el alcalde. Esa es la lectura rápida. Quien opera estas campañas cree que daña a la autoridad municipal, pero si en el camino erosiona la imagen del destino y la tranquilidad social, poco le importa. Detrás de esta oleada de Fake News hay cálculo político. Según versiones, “la persona”, propietaria de una página de noticias, impulsa narrativas alarmistas para desgastar al alcalde y proyectarse como alternativa.
La fantasía del caos como atajo al poder es peligrosa. Hace creer a algunos que la mentira es una herramienta válida para abrirse camino, ya sea por la vía del descrédito o por la ruta electoral. En ambos casos, el costo lo paga Puerto Vallarta. La ciudad no puede ser campo de pruebas de ambiciones personales que se alimentan del pánico colectivo.
Aquí entra la responsabilidad del lector. No todo lo que circula en redes es información. No todo “portal” hace periodismo. Pregúntate siempre a quién le conviene que sientas miedo. Desconfía de audios anónimos y páginas que viven del escándalo. Verifica. Contrasta. Consulta medios serios, con procesos y trayectoria.
Rechaza a quienes usan el miedo como herramienta política. Rechaza a quienes justifican fines personales con cualquier medio. Hoy la desinformación es parte de una infodemia que carcome la estabilidad emocional de la sociedad. Combatirla es tarea colectiva. Puerto Vallarta no es un botín político. Es una comunidad viva, y el miedo, por rentable que parezca, siempre termina pasando factura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario