Los analistas de Bank of America y HSBC dan continuidad al rally del oro y lo ven en 5.000 dólares
Un entorno de tipos bajos, las compras de los bancos centrales y la aversión al riesgo ayudan a soportar las valoraciones


El calendario ha cambiado, pero no lo han hecho muchas de las tendencias de inversión de los últimos meses. En un contexto de creciente inestabilidad política, con la Casa Blanca amenazando con repetir un movimiento similar al iniciado a Venezuela, los inversores empiezan a encontrar resistencias para comprar acciones. Aunque muchos índices siguen avanzando y algunos marcan nuevos máximos, la atención se centra cada vez más en los metales.
El cobre continúa marcando nuevos máximos, impulsado por las expectativas de un rearme europeo y la expansión de la transición energética, mientras que el oro consolida su papel como activo refugio y se mantiene por encima de los 4.400 dólares por onza. A medida que avanzan las jornadas, las expectativas de una corrección en el metal amarillo no solo no aumentan, sino que tienden a desvanecerse. El temor a que el orden mundial se vea sacudido y el aumento constante de las reservas de los bancos centrales actúan como estímulo para el metal precioso. Con este contexto como telón de fondo, los analistas de Bank of America y HSBC revisan al alza sus pronósticos y ven que el oro podría alcanzar los 5.000 dólares por onza.
Los analistas de HSBC destacan que el metal amarillo se beneficia de la aversión al riesgo, la debilidad del dólar y la incertidumbre política. Aunque las revalorizaciones registradas en los dos últimos años pueden dar vértigo, los expertos de Bank of America sostienen que continúa subinvertido. “Muchos de los factores macroeconómicos, incluidas las políticas económicas poco ortodoxas de EE UU, siguen siendo favorables. Hasta que eso cambie, existe un camino para que el oro alcance los 5.000 dólares”, apuntan.
Por si los crecientes desequilibrios fiscales que arrastra la economía estadounidense no fueran lo suficientemente inquietantes, los ataques a la independencia de la Reserva Federal por parte del presidente estadounidense Donald Trump han erosionado el papel refugio de la deuda y el dólar. En un entorno en el que los cambios de opinión se suceden día a día, los inversores que buscan seguridad ven en el oro una opción cada vez más atractiva.
A este interés se suma el respaldo sostenido de los bancos centrales. Según los datos del Consejo Mundial del Oro, solo en noviembre los responsables monetarios incrementaron sus reservas en 45 toneladas. Si se añaden las adquisiciones de los dos meses anteriores, las compras alcanzaron 137 toneladas durante el pasado otoño, una cifra ligeramente inferior a las 142 toneladas acumuladas en los ocho primeros meses de 2025.
Detrás de este movimiento hay un objetivo claro: reducir la dependencia del dólar y diversificar las reservas oficiales. Una estrategia que ha ganado peso de forma constante en los últimos 24 meses, pero que se aceleró de forma decisiva tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022. La decisión de Estados Unidos y sus aliados de congelar los activos rusos denominados en dólares fue interpretada por muchos países emergentes como una señal de alarma. El temor a que, en un escenario de conflicto, se pudiera aplicar una medida similar llevó a numerosos bancos centrales a tomar conciencia de su vulnerabilidad financiera y a reforzar su apuesta por el oro como activo estratégico y refugio frente a riesgos geopolíticos.
A la actividad de las instituciones monetarias hay que añadir la pujanza de los fondos indexados que no han hecho más que alimentar la revalorización. Como colofón a estos movimientos, los expertos recuerdan que un contexto de tipos moderados, como el que el mercado baraja para los próximos meses, ayudan a sostener las valoraciones. El oro, que no paga intereses, se vuelve más atractivo en un entorno de tasas bajas porque disminuye el coste de oportunidad de mantenerlo frente a otros activos que sí generan intereses.
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