Irán vuelve al punto de mira de Trump y Netanyahu
El propio Trump ha reconocido que están llegando bastantes buques hacia Irán, por lo que es esperable que la retórica crezca de nuevo en los próximos días![]()
Que nadie se sorprenda si algo estalla en Irán. No ya sobre las protestas, que fueron sofocadas entre la represión estatal y el agotamiento, sino sobre un potencial ataque contra la república islámica. ¿Tiene sentido en este momento? No. Por múltiples y diversos motivos. Pero aquí estamos de nuevo.
El presidente estadounidense Donald Trump ha amenazado de manera explícita a Irán con ataques a lo largo del mes de enero. Tras el ataque contra Venezuela con el que dio comienzo al año 2026, sumó el país latinoamericano a la larga lista de países donde ya había lanzado ataques en su primer año del segundo mandato: Siria, Irak, Somalia, Nigeria, Yemen y, por supuesto, Irán.
Ya en 2025 vimos un ataque de gran calado contra la República Islámica, azuzado por un Israel que lanzó la “guerra de los doce días” de manera unilateral. Washington acudió a reforzar la campaña ante lo intolerable que resultaba para Occidente que Irán respondiese atacando de vuelta a Israel. Incluso capitales europeas como Berlín y Londres defendieron la campaña armada contra Irán, tras mucha campaña para vender la ilegitimidad de las agresiones contra países vecinos.
En el fragor de las recientes protestas en Irán, que comenzaron como una disputa monetaria e inflacionaria, se vio una evolución hacia una impugnación del sistema islámico. Como ya venía siendo habitual en el país, en cuanto se alcanzó tal punto de ebullición, Israel y Estados Unidos se lanzaron a apoyar un cambio de régimen. Como se vio durante las detenciones en plena guerra de 2025, Israel tenía presencia en Irán a través de infiltraciones que causaron serios daños a Irán.
Apoyándose en este elemento, el gobierno iraní reconoció un elevado número de muertes en las protestas, pero lejos de asumir la responsabilidad señaló directamente a Israel y a Estados Unidos por estar realizando dichas infiltraciones. Más allá de que exista una parte de verdad, el grueso de la injerencia ha sido externo. Israel ha llegado a coordinarse con el heredero de la monarquía persa para promover dicho cambio de régimen, con Reza Pahlavi tratando de movilizar las protestas y dirigirlas desde fuera.
Entre el corte de internet por parte de las autoridades iraníes, que ya supera las dos semanas, y la falta de implantación de un modelo único de oposición en las calles -mucho menos el monárquico- las protestas fueron perdiendo ese punto de coordinación exterior. Y ahí apareció un tardío Donald Trump. Comprando el relato israelí de que un ataque contra Irán era necesario, el presidente estadounidense se vio reforzado por su papel en Venezuela para amenazar a Irán con un nuevo ataque.
Pero en ese momento las protestas ya no parecían servir de pretexto. Se señaló la represión y la aprobación de cientos de ejecuciones como excusa para justificar dicha intervención armada. El presidente Trump llamó a los manifestantes a retomar las protestas con fuerza y asaltar las instituciones pero su ventana de oportunidad se había esfumado. No obstante, cuando parecía que el ataque era inminente, fuentes internas de la Casa Blanca apuntaron a su cancelación por no tener listas las capacidades necesarias para responder ante potencial una represalia iraní.
Cuando parecía que el ataque era inminente, fuentes internas de la Casa Blanca apuntaron a su cancelación por no tener listas las capacidades necesarias para responder ante potencial una represalia iraní
Si este era el motivo, con la llegada del tercer destructor a la región no se había considerado suficiente capacidad para hacer frente a Irán. En Israel, deseosos desde hace años del estallido de un conflicto con Irán donde Estados Unidos se viese fuertemente implicados, ya habían puesto en alerta a la población, abierto los refugios y movido sus baterías antiaéreas. Estados Unidos vació parte de sus bases militares en Oriente Medio y, así, trató de reducir el efecto de la respuesta que ofreciera Irán tras el ataque.
A pesar de la retórica de Trump sobre la falta de necesidad del ataque tras la cancelación de las ejecuciones, lo cual ha desmentido el fiscal general de Irán, la pieza que realmente faltaba en el tablero era un portaaviones. Las semanas de campaña sobre Groenlandia y la OTAN sirvieron para que Estados Unidos pudiera desplazar el USS Abraham Lincoln y su grupo de ataque desde el Mar del Sur de China. Una vez más, Estados Unidos llevaba capacidades de guerra a Oriente Medio desde Asia Oriental en lugar de hacerlo al revés, como aseguraban desear todos los líderes estadounidenses de las últimas décadas.
Sin embargo, sin una dinámica de represión y protesta generalizada sobre la que proyectar poder, no tenía sentido ver un ataque estadounidense para los intereses de la Administración Trump. No solo no encaja con las prioridades del presidente sino que tampoco coincide con su modus operandi. Trump huye de las operaciones costosas sin un rédito económico y/o político inmediato, lo que los europeos interpretan como “echarse atrás” después de una amenaza de gran calado. Y como se ha visto en Venezuela, para imponer un cambio de régimen en Irán es probable que hubiera que desplegar numerosas fuerzas sobre el terreno, con un enorme coste político, económico y militar.
Trump huye de las operaciones costosas sin un rédito económico y/o político inmediato. Y como se ha visto en Venezuela, para imponer un cambio de régimen en Irán es probable que hubiera que desplegar numerosas fuerzas sobre el terreno, con un enorme coste político, económico y militar
Tras disciplinar a lo que considera sus súbditos en América y Europa, podría tener sentido que busque un golpe de efecto también en Oriente Medio. Pero sobre todo, en medio de un rearme iraní y ante la evidencia de que Estados Unidos mintió cuando aseguró haber destruido las capacidades nucleares de Irán, surgen de nuevo demandas que podrían encajar con el cambio de rumbo del portaaviones Abraham Lincoln.
Si Estados Unidos amenaza con emplear las capacidades de que dispone, como en otras latitudes, podría forzar una mano más fuerte en caso de negociar con Irán un nuevo acuerdo nuclear. Por un lado se llama constantemente a Teherán a que retorne a la mesa de negociación, pero por el otro se ataca y asesina a los negociadores, como se vio en 2025. Por lo tanto la predisposición iraní a negociar un acuerdo y evitar la guerra del año pasado con quien se topó principalmente fue con Israel, que se ha opuesto tanto a un acuerdo con Irán como a la posibilidad de que no haya acuerdo y pueda desarrollar un programa nuclear libremente.
La opción de Israel siempre fue la guerra y promover un cambio de régimen. De esta manera se podría asentar de manera más sencilla su hegemonía en la región ante rivales que están menos dispuestos a lanzar ataques sobre Israel como Arabia Saudí o Turquía y otros que ya están cooperando con Tel Aviv de manera más clara como Egipto o Emiratos Árabes. Este elemento sí encajaría con el interés de lanzar un ataque contra Irán, con la intención de apuntar sobre su programa balístico y desarticular lo que queda del Eje de la Resistencia en la región.
Según fuentes israelíes, hay cierta preocupación en que esta vez la respuesta iraní sea más fuerte y la presencia estadounidense no sea suficiente para que permitir que Israel lidie con las consecuencias. Pero con un refuerzo militar sustancial, la pretensión de atacar Irán satisfaría los anhelos de Netanyahu con una ventana que se abriría desde la llegada del equipo estadounidense hacia los próximos meses. El propio Trump ha reconocido que están mandando bastantes buques hacia Irán, por lo que es esperable que la retórica crezca de nuevo en los próximos días.
Según fuentes israelíes, hay cierta preocupación en que esta vez la respuesta iraní sea más fuerte y la presencia estadounidense no sea suficiente para que permitir que Israel lidie con las consecuencias
En estos momentos no se dan las condiciones para que Estados Unidos apueste por un ataque, ya que las piezas que necesita para obtener un rédito político no están en la posición necesaria. Por eso será clave que vuelva el ruido en cuanto termine de posicionarse la Armada. Ya sea en dirección a un ataque o a un órdago, Trump probablemente busque un nuevo refuerzo en su imposición de condiciones a Irán. Entre otras, la hegemonía completa para Israel, es decir, para Estados Unidos

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