La situación en el terreno es desesperada. El corresponsal Roberto Livi describe apagones continuos que reducen la generación eléctrica a la mitad del requerimiento nacional, falta de gas —una bombona cuesta seis veces el salario medio—, escasez de agua por falta de presión en las tuberías sin electricidad, y colas interminables por gasolina, que se vende a 1,30 dólares el litro, más que el salario diario de la mayoría de los cubanos. El gobierno culpa abiertamente a la administración Trump, cuyo asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, impulsa una línea dura anticubana.

Paradójicamente, como señala el reporte italiano, el petróleo abunda en el Caribe. Grandes comercializadoras como Vitol y Trafigura han almacenado 12 millones de barriles en islas como Curazao y Bahamas, listos para venderse con descuento. Pero Cuba está excluida del comercio por orden de EE.UU. Trump ha logrado paralizar el flujo mediante amenazas directas a cualquier proveedor, un bloqueo de facto que aprieta al máximo la economía cubana, que lleva seis décadas bajo sanciones y embargos. Analistas citados por el medio advierten, sin embargo, que una catástrofe humanitaria en la isla podría provocar un éxodo masivo hacia Florida y Texas, un riesgo político para Trump ante la comunidad cubanoamericana republicana.

El artículo apunta a una creciente tensión interna. Grupos opositores externos, como la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) liderada por Daniel Ferrer —ahora refugiado en EE.UU.—, han colgado pancartas que dicen "Ahora le toca a Díaz-Canel", en referencia al secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro. Mientras, el gobierno cubano, descrito por expertos como "demasiado cohesionado" para una "transición interna", mantiene de momento la situación bajo control. La sensación en la isla, resume el periodista citando a un electricista habanero, es de una "sofocante calma chicha que presagia lo peor". "Algo inminente", dice su fuente.