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martes, 10 de mayo de 2016

Se acentúa la proletarización de las clases medias o pequeña burguesía de EEUU (hay casi pleno empleo pero se gana 20 % menos que antes y muchos solo se consiguen trabajo a tiempo parcial, adiós hipoteca y adiós movilidad social); el trauma de la crisis dejó cicatrices financieras y psicológicas.//Por BEN LEUBSDORF encontrado en el WSJ

Se acentúa la proletarización de las clases medias o pequeña burguesía de EEUU  (hay casi  pleno empleo pero  se gana 20 % menos que antes y muchos solo se consiguen trabajo a tiempo parcial, adiós hipoteca y adiós movilidad social); el trauma de la crisis dejó cicatrices financieras y psicológicas




En EE.UU., el trauma de la crisis dejó cicatrices financieras y psicológicas

http://lat.wsj.com/articles/SB12646794960321634403904582058890242961430?tesla=y


 Gary Reece, de 61 años, perdió su empleo en 2008 y posteriormente volvió a la universidad para terminar sus estudios.

Gary Reece, de 61 años, perdió su empleo en 2008 y posteriormente volvió a la universidad para terminar sus estudios. PHOTO: RYAN HENRIKSEN PARA THE WALL STREET JOURNAL

Por BEN LEUBSDORF

Actualizado martes, 10 de mayo de 2016 19:29 EDT

Gary Reece ganaba más de US$100.000 al año cuando perdió su empleo en una firma tecnológica en 2000. En 2008, cuando fue despedido de su siguiente empleo, ganaba la mitad. Ahora, a los 61 años, sigue desocupado y dejó a su familia en San José, California, para asistir por unos meses a la universidad y terminar sus estudios.


“Donde quiera que vaya, la gente pregunta, ‘¿A qué te dedicas?’”, cuenta. “Uno no tiene mucha identidad si tiene que contestar: ‘No me dedico a nada’”.

La recesión en Estados Unidos terminó hace siete años, pero el desempleo y el subempleo han socavado la posterior expansión económica. Una creciente cantidad de estudios sugiere que el trauma económico ha dejado profundas cicatrices financieras y psicológicas, que podrían perdurar por décadas.


Aproximadamente uno de cada seis trabajadores en EE.UU. perdió su empleo durante la recesión que abarcó de 2007 a 2009. Hoy, casi 14 millones de personas buscan trabajo o tienen uno de medio tiempo.

Las investigaciones sugieren que incluso para los millones que volvieron a tener empleo, los efectos de haberlo perdido perduran por años. Ganarán menos durante años y tendrán menos probabilidades de comprar una vivienda. Muchos sufrirán problemas psicológicos y sus hijos tendrán un peor rendimiento en el colegio y ganarán menos en su vida laboral.


“Los efectos promedio son severos y de muy larga duración”, dijo Jennie Brand, socióloga de la Universidad de California en Los Ángeles. “No hay una recuperación rápida”.


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Según estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, la economía de EE.UU. sigue obstinadamente por debajo de su potencial y muchos estadounidenses probablemente no se habrán recuperado del todo cuando llegue la próxima recesión.

Economistas de J.P. Morgan Chase & Co. predijeron que es más probable que una nueva recesión ocurra dentro de los próximos tres años a que no ocurra.



La ira por el estancamiento de los salarios, entre otros factores, ha contribuido a impulsar las candidaturas presidenciales de Donald Trump y Bernie Sanders. Justo después de la recesión que comenzó en diciembre de 2007 y terminó en junio de 2009, el Centro J. Heldrich John para el Desarrollo de la Fuerza Laboral de la Universidad de Rutgers hizo una encuesta sobre las causas del alto desempleo.

Las principales respuestas que obtuvo fueron:
mano de obra extranjera barata,
 inmigrantes ilegales y
banqueros de Wall Street.


Cerca de 40 millones de personas perdieron sus empleos durante la recesión, según el Departamento de Trabajo de EE.UU. y la tasa de desocupación alcanzó 10%. Henry Farber, economista de la Universidad de Princeton, calcula que la tasa de pérdida de empleo llegó a 16% entre 2007 y 2009.


Al igual que en recesiones anteriores, millones enfrentaron un fenómeno que los economistas denominan “cicatriz salarial”. Cuando una persona que pierde su trabajo regresa al mercado laboral a menudo acepta un recorte salarial como precio para volver a trabajar.


En esta ocasión, el daño se agrava porque la recuperación del mercado laboral ha sido dolorosamente lenta. En los últimos años ha habido un número inusualmente alto de personas buscando empleo durante más de seis meses y de trabajadores de medio tiempo. “Les cuesta mucho más encontrar un trabajo, y en particular uno de tiempo completo, lo cual inmediatamente se convierte en un descenso de los ingresos”, dijo Farber.


Reece, el residente de San José, jamás pensó que le costaría tanto. La primera vez que lo despidieron, después de una fusión hacia el final de la burbuja puntocom, ganaba US$120.000 al año, más bonificaciones y opciones sobre acciones, como gerente de una empresa de tecnología. Luego se desempeñó como técnico del departamento de educación del Condado de San Mateo, donde ganaba alrededor de la mitad. Cuando volvió a ser despedido en 2008 buscó empleo, sin suerte. “Empecé a trabajar a los 14 años y nunca imaginé que me quedaría desocupado”, confesó. “Siempre pensé que encontraría un empleo y me desconcertaba no poder hacerlo”.

Su familia dependió entonces del salario de su esposa y del alquiler de una casa. Con el tiempo, Reece volvió al Union College de Lincoln, Nebraska, donde había estudiado sin graduarse en los años 70, para completar su licenciatura. Se graduó a principios de mayo y ahora planea reanudar su búsqueda en California.

A pesar de la tibieza del crecimiento económico, el mercado laboral de EE.UU. está en vías de recuperación. La proporción de la población en edad productiva que tiene un empleo ha subido desde los mínimos tras la recesión. En abril, el desempleo alcanzó 5%, la participación de la fuerza laboral se ha estabilizado y el crecimiento de los salarios parece estar afirmándose.


No obstante, al cabo de cinco años solamente uno de cada cuatro desocupados que vuelven a emplearse gana lo mismo que antes, según Till von Wachter, economista de la Universidad de California en Los Ángeles. La brecha salarial entre quienes sufrieron un lapso de desempleo y quienes no subsiste durante décadas. Según una estimación, las personas que perdieron su trabajo durante una recesión ganan después de 10 a 20 años entre 15% y 20% menos que los que no lo perdieron.


Luego de la última recesión, uno de cada cuatro estadounidenses dudaba que su calidad de vida mejoraría con el tiempo, en comparación con 15% en la década de 2000, según la Encuesta Social General realizada por NORC en la Universidad de Chicago.


Perder el trabajo tiene consecuencias mayores que las financieras. El desempleo implica a menudo aislamiento, que puede despojar a la gente de su identidad y de la red social basada en los compañeros de trabajo. Los investigadores han relacionado la pérdida de empleo al estrés, la depresión y los sentimientos de desconfianza, ansiedad y vergüenza.


Es probable que la recesión haya exacerbado las alarmantes tendencias que surgieron luego del final de la bonanza económica de los 90. Según una investigación de Anne Case y Angus Deaton, economistas de la Universidad de Princeton, la tasa de mortalidad entre estadounidenses blancos de mediana edad aumentó como consecuencia de suicidios, abuso de sustancias y enfermedades del hígado, dolencias potencialmente vinculadas con penurias económicas.


Datos que abarcan los años de recesión muestran un vínculo entre el alto desempleo y el aumento del abuso de analgésicos y alucinógenos. Entre 1999 y 2014, la tasa de suicidios en EE.UU. subió 24% y se aceleró desde 2006, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Un estudio sobre varones de Pensilvania que durante la década de los 80 perdieron trabajos de muchos años, detectó un aumento de la mortalidad después de un despido.


Los investigadores dicen que los hijos de personas que pierden su empleo tienen peor desempeño en la escuela y mayores probabilidades de repetir curso. El despido de un padre está relacionado con un riesgo sustancialmente mayor de ansiedad y depresión en sus hijos. En un estudio, los hijos de hombres que fueron despedidos ganaban salarios 9% más bajos que personas cuyos padres habían conservado el empleo.



En 2001, cuando se graduó de abogada, Elizabeth Train consiguió un trabajo de US$45.000 al año. A principios de 2015, sigue ganando lo mismo, aproximadamente una cuarta parte menos que hace 14 años si se descuenta la inflación. “Yo sé que valgo más”, dijo esta madre soltera de tres hijos. “Pero llega un punto en que una tiene que tomar lo que pueda”.

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