Los bazaríes: la «burguesía del Bazar» que agita las rebeliones en Irán (lo entiendo que los bazaries son la burguesía monopólica privada como Corina Machado de Venezuela y el cuerpo de guardianes d e la revolución islámica son la burguesía estatal como el gobierno militar de Perú de velasco alvarado )

Las protestas en Irán han evidenciado una ruptura entre la élite comercial del Bazar y el régimen teocrático. La crisis económica y el creciente poder del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) están reconfigurando viejas alianzas. En este artículo, Roberto Mansilla, alumni de Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute analiza cómo la «burguesía del Bazar» enfrenta su mayor desafío político en décadas.
La nueva ola de protestas que sacude a Irán está determinada por la crisis económica y por un creciente malestar social contra el sistema político teocrático. Este sistema ha sido dirigido por los ayatolás desde 1979. En este contexto, un actor clave vuelve al centro de atención: los bazaríes o «burguesía del Bazar de Teherán». Su peso político ha sido decisivo en diversos momentos de la historia del país persa.
Precisamente, un catalizador de estas protestas iniciadas el pasado 28 de diciembre fue la llamada «burguesía del Bazar» en Teherán. Esta reacción surgió ante las pérdidas económicas causadas por la devaluación de la moneda nacional, el rial. El cierre de establecimientos comerciales y las manifestaciones en las calles indican que elBazar de Teherán fue el epicentro inicial de la rebelión. Esta fue impulsada por élites económicas vinculadas a redes comerciales y sociales existentes en ese entorno.
El malestar fue expandiéndose a ciudades como Shiraz, Kerman, Qom e Isfahán, entre otras. Estas localidades cuentas con un enorme valor estratégico por constituir centros de poder político, económico y religioso con sus respectivas «burguesías del Bazar».
Así mismo, más allá de la intromisión exterior principalmente por parte de EEUU e Israel, las protestas han sido movilizadas por clases medias y populares afectadas por la crisis económica y los cambios que se están observando en el capitalismo global, contextualizadas en el caso iraní por las sanciones exteriores y la rigidez y represióndel régimen dirigido por el ayatolá Alí Jamenei.
La burguesía del Bazar que ha sobrevivido a todo tipo de cambios
Diversas fuentes históricas coinciden en señalar que el Bazar, cuya palabra se deriva del persa wāzar, constituye la vida pública del Islam.
Las Rutas de la Seda, iniciadas en la Antigüedad, consolidaron progresivamente el poder mercantil del Bazar dentro del mundo islámico. En el caso persa, este espacio se constituyó como un actor de influencia política, social y cultural. Su relevancia se ha mantenido hasta nuestros días.
Desde el punto de vista del poder, los espacios públicos en las ciudades iraníes estaban formados históricamente por las calles, el Bazar y el Meydan (plaza). En esos espacios mandaban las normas del poder estatal, con una tradición básicamente dictatorial. Esto contrastaba con el poder religioso, predominante en los espacios sagrados.
Durante siglos esta dicotomía de poder estatal y religioso condicionó las luchas por el poder en Irán.
Ubicado al sur de la capital iraní, el Gran Bazar de Teherán (Bazaar-e Bozorg-e Teherán) cuenta con más de 10 km de pasillos especializados por producto. De orígenes feudales, la burguesía que domina el Bazar ha sido un actor económico y social tradicional. Su postura oscila entre el apoyo y la oposición según quién esté en el poder en Irán. Así, se convierte en un termómetro de la estabilidad económica y social del país.
Los bazaríes se han consolidado como una élite mercantil de carácter tradicional, dominada por grandes familias y clanes de comerciantes con generaciones operando en ese espacio. Sin embargo, sus intereses a menudo entran en conflicto con las nuevas estructuras de poder. El bazar representa una red compleja, donde estas élites interactúan y, en muchos casos, confrontan al poder económico y político del establishment.
El papel de los bazaríes ha sido decisivo en momentos clave de la historia del país persa. Participaron en la adopción de la Constitución de 1906, de tintes modernizadores. También influyeron durante el golpe de la CIA en 1953 contra el primer ministro Mohammad Mosaddeq, quien nacionalizó el petróleo. Finalmente, fueron actores relevantes en la caída de la monarquía del Shah Reza Pahleví en 1979.
Más allá del comercio, el Bazar ha operado como entidad bancaria, como foro para personalidades notables y como organismo de solidaridad y cooperación con clérigos islámicos, lo cual los conectaba directamente con la elite teocrática de los ayatolás. Además de institución económica ha sido una red social estrechamente ligada al clero. «Cerrar el bazar» era una señal inequívoca de entrada en protesta, y la legitimidad religiosa funcionaba como elemento de cohesión.
El Shah Reza Pahlavi fue consciente del poder de esta elite y las posibilidades de que se convirtiera en un formidable enemigo. Para ello, el Shah impulsó nuevas cadenas comerciales e iniciativas urbanísticas como nuevas avenidas y calles que disminuyera el monopolio comercial de los bazaríes. Esto permitió que el Bazar terminara activando apoyo financiero y político a los religiosos que tomaron el poder en 1979, derrocando la monarquía Pahleví.
Tras la revolución, esta relación se transformó. Los sectores más poderosos del Bazar, integrados en redes institucionales y beneficiarios de rentas estatales, pasaron a formar parte del orden dominante. El Bazar dejó así de ser una fuerza relativamente autónoma para convertirse, en gran medida, en un actor conservador alineado con el poder.
Desde entonces, quedó fijada una fractura interna entre los grupos integrados en el sistema y los sectores periféricos excluidos de esas redes.
La relación de los bazaríes con el denominado «Nizam» ha mostrado un notable distanciamiento. Este término se refiere al complejo político-militar de naturaleza teocrática y secular que mantiene el estatus quo en Irán. En él, el Líder Supremo convive con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). De ser un amortiguador de las tensiones sociales y económicas, el Bazar ha pasado a convertirse en un actor político de mayor peso. Ahora actúa contra el «Nizam» imperante, exigiendo tácitamente un cambio de sistema.
Algunas fuentes señalan que la riqueza económica del Bazar se sustenta en transacciones diarias de decenas de miles de dólares. Un puesto en la entrada del Bazar oscila entre los US$ 4 y 5 millones y los alquileres pueden alcanzar los US$ 20.000. Consciente del poder que representa, esta burguesía también se ha visto beneficiada deexenciones fiscales por parte de diversos regímenes que han ostentado el poder en Teherán, desde la monarquía hasta el actual sistema teocrático de los ayatolás. Las elites de poder coinciden en el factor decisivo que supone el apoyo político de la «burguesía del Bazar».
No obstante, la crisis de 2026 parece revelar una ruptura entre el Bazar y el poder del régimen, tomando en cuenta el apoyo a las protestas. Desde que comenzaron las protestas el 28 de diciembre, los bazaríes han cerrados sus negocios en el Bazar, pasando a la acción en las calles.
Esta ruptura podría evidenciar un cambio importante en el poder del Bazar. Según el analista iraní Saeed Laylaz —quien proviene de un conocido clan bazarí—, «el Bazar ya no cuenta en el futuro de Irán». La descentralización económica y las nuevas tecnologías, como el móvil o internet, han reducido la fuerza económica de los bazaríes.
A finales de la década de 1980, el Bazar de Teherán llegó a canalizar un tercio del comercio de todo Irán. De acuerdo a algunas fuentes, ese porcentaje hoy en día representa la sexta parte del comercio nacional.
entonces presidente Akbar Hashemí Rafsanjani durante la década de 1990, en su momento apoyadas por los bazaríes, terminaron siendo contraproducentes. Estas reformas afectaron su poder, excesivamente proteccionista y estructuralmente dependiente de los vaivenes del mercado petrolero. Además, el Bazar está conectado a redes comerciales internas y externas que han cambiado rápidamente, especialmente en el ámbito tecnológico.
Como indica la politóloga iraní Nazanín Armanian, «los bazaríes, élite comercial anclada en la época feudal, se despegan del régimen, reduciendo aún más su base social. Esto lo convierte en una camarilla (más peligrosa que nunca) de mulás y militares apocalípticos». Así, temerosa de perder su tradicional monopolio, la «burguesía del Bazar» podría apostar por entronizar alguna opción alternativa en el poder iraní. No se descartan liderazgos populistas que le permitan preservar su influencia.
Un poderoso rival: el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI)
Por otro lado, ha entrado en escena otro actor de poder: el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Se trata de un cuerpo pretoriano que no solo controla redes políticas, militares y de milicias (Basij), sino también un emporio empresarial de alto nivel.
El malestar social se ha intensificado más allá del ritmo de vida de las élites del poder teocrático y del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). El CGRI detenta prácticamente el poder de facto dentro del régimen gracias a sus redes militares y paramilitares. También controla sectores del programa nuclear y los mecanismos de seguridad estatales.
Además, el cuerpo maneja un amplio conglomerado empresarial con ramificaciones económicas externas. Estas ramificaciones van más allá de Oriente Próximo y han tenido presencia en contextos como el caso de Venezuela.
El creciente poder del CGRI ha contribuido al silencioso ocaso de la «burguesía del Bazar». Este cuerpo domina amplios sectores productivos, como la industria petrolera, el transporte, las comunicaciones y la construcción. Ese control refuerza su poder político y reduce el margen de maniobra de otras instituciones del Estado. Varias áreas estratégicas pasaron a depender de redes y empresas bajo su órbita. Esto dejó poco espacio para la competencia y limitó la capacidad del Ejecutivo para dirigir la política económica.
Por tanto, el CGRI ha logrado una penetración profunda en la economía iraní. Ha adquirido activos y controla sectores clave, lo que le otorga gran influencia sobre el comercio y el propio Bazar. En ocasiones, esto ha perjudicado a los comerciantes locales. También se han generado conflictos políticos con los bazaríes, que buscan mantener su autonomía frente a las fuerzas estatales. Estas fuerzas, lideradas por la teocracia y el CGRI, intentan centralizar el poder económico.
La crisis de 2026: ¿fin del monopolio de la burguesía del Bazar o adaptación a una nueva realidad?
El contexto de las protestas de 2026 no sólo supone un reto para el régimen teocrático sino también para la capacidad de los bazaríesde seguir manteniendo su poder económico y de influencia política ante la posibilidad de cambios políticos.
Las desigualdades sociales determinan una clave importante detrás de estas protestas. Aproximadamente un 80% de la población iraní colinda con el umbral de la pobreza, en total casi unos 50 millones de personas. La pérdida sostenida de poder adquisitivo ha deteriorado la capacidad de consumo de amplias capas de la población, en especial alimentos básicos, acceso a la vivienda y medicamentos.
Argumentando falta de liquidez, en octubre pasado el gobierno de Masoud Pezeshkian eliminó subsidios y ayudas que beneficiaban a unas 14 millones de familias en condición vulnerable. No obstante, según reveló el Departamento del Tesoro de los EEUU (con evidentes intenciones de influencia mediática en medio de las protestas), Irán ha venido transfiriendo unos US$ 1.000 millones al movimiento islamista libanés Hizbulá, un actor con el que Teherán mantiene estratégicos intereses geopolíticos pero también económicos vía negocios privados.
La hiperinflación, calculada por algunas fuentes en un 600%, empeora el cuadro socioeconómico principalmente para los jóvenes en materia de empleo e independencia familiar. Más del 60% de los 91.500.000 de habitantes de Irán es menor de 30 años. Como era de esperarse por parte de un régimen caracterizado por su rigidez, la brutal represión ha aumentado las tensiones sociales y políticas.
Te puede interesar: El ocaso de Irán: ¿está llegando el fin de los Ayatolás?
Muchos bazaríes trabajan con divisas extranjeras, principalmente el dólar como referencia implícita. Importan mercancía, fijan precios, calculan márgenes y organizan pagos, incluidos cheques y deudas a corto plazo, sobre la base de un tipo de cambio que asumen relativamente estable durante un periodo mínimo. Cuando esa estabilidad desaparece, el ciclo elemental del comercio se rompe. En la práctica, esto significa cheques que no pueden cubrirse, deudas a corto plazo que dejan de ser sostenibles y compromisos comerciales que se rompen no por mala gestión sino por una depreciación acelerada de la moneda.
Ante este panorama, el giro de apoyos políticos de los bazaríesse muestra igualmente polarizado al no tener un interlocutor claro de representación. La única certeza está en observar que su verdadero rival y competidor es el CGRI, cuyo poder está creciendo dentro del régimen. El malestar con la teocracia es igualmente visible entre los bazaríes pero sus redes de conexión con ese estamento son más fluidos que con otros actores de peso.
Tampoco está clara la posición del Bazar con respecto a los intereses, principalmente occidentales, de reinstaurar a los Pahleví en el poder en un contexto de transición. Como se indicó anteriormente, los bazaríes fueron decisivos en la caída de la monarquía en 1979. En el contexto actual, Reza Pahleví podría intentar acercar posiciones con la burguesía del Bazar.
No obstante, la realidad determina igualmente analizar la situación en términos de realpolitik, un ejerciciosimilar a la situación actualmente existente en la Venezuela post-Maduro. Si bien el propio Pahleví insta a un cambio de régimen, el estatus quo de poder en Irán se observa prácticamente concentrado en manos del CGRI, lo cual sugiere que este estamento político-militar-empresarial estaría capacitándose para eventualmente tomar el poder y crear un régimen presidencialista, de características incluso populistas pero afianzado por el pretorianismo militar, sin que necesariamente este contexto implique la demolición del sistema teocrático, cuyo peso político puede verse convenientemente desplazado.
Finalmente, los grupos reformistas siempre han ejercido un peso considerable dentro del sistema político iraní, lo cual puede vertebrar circunstancialmente redes de conexión con los bazaríes con evidentes intereses políticos en un momento de descontento y de demandas de apertura.
No obstante, los reformistas así como los partidos de izquierdas siempre han visto con recelo el conservadurismo político del Bazar y sus históricas relaciones de poder con un clero que ve hoy contestada su autoridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario