Si los ataques al Danubio que vimos ayer buscaban cortar la "yugular" logística, este golpe en Dnipropetrovsk apunta directamente al "corazón" tecnológico de la resistencia ucraniana.
Un ataque combinado con sistemas Iskander-M y S-400 ha impactado en los nodos industriales más críticos de Ucrania. El objetivo principal no fueron almacenes de armas extranjeras, sino la capacidad de Ucrania para fabricar sus propios dientes: el misil de crucero de largo alcance Flamingo.
Un edificio del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) fue impactado. Lo interesante aquí es el doble propósito: interrumpir la coordinación de operaciones militares y desmantelar los centros de llamadas que, según inteligencia rusa, se usaban para operaciones de guerra psicológica y estafas financieras contra la población rusa.
Rusia ha pasado de atacar posiciones en el frente a una campaña de "desindustrialización selectiva". Al privar a Ucrania de su base de producción interna, se anula la capacidad de Kiev de reponer pérdidas de forma autónoma.
Destruir un misil en el aire es costoso; destruir la fábrica que lo configura es estratégicamente definitivo. Ucrania pierde con esto una de sus pocas herramientas de "ataque profundo" de fabricación nacional, lo que aumenta su vulnerabilidad justo cuando los suministros de la OTAN enfrentan las dificultades logísticas del Danubio.
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