La
crisis de Ucrania trastoca la política exterior de Obama
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La doctrina
de la contención, que marcó la guerra fría, vuelve a estar al orden del día.
La Casa Blanca quería centrarse en
Asia, pero Europa regresa al centro de las preocupaciones
MARC BASSETS Washington
4 MAY 2014 - 21:10 CET12
Obama, en la
cena de gala con la prensa, el sábado en Washington / JEWEL SAMAD (AFP)
Ucrania
ha trastocado la agenda
exterior del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
Hace unos meses, el presidente calculaba que
podría dedicar los últimos tres años de su
segundo y último mandato a las negociaciones con Irán,
a la guerra civil en Siria y al “pivote hacia Asia”: el intento de dirigir los esfuerzos
diplomáticos y militares de la primera potencia a contener
el ascenso de China.
Pero el
conflicto en la antigua república soviética no sólo obliga a la Casa Blanca a
reformular las prioridades sino que cuestiona algunos pilares de la doctrina
Obama.
Un
diplomático europeo, con amplia experiencia en las relaciones transatlánticas,
explicó hace unos días en un encuentro privado en Washington que Ucrania monopoliza todas las conversaciones con los
representantes de la Administración Obama. Sea cual sea el tema tratado, todo desemboca en Ucrania.
En poco
tiempo el paisaje se ha transformado.
Los
paralelismos con la guerra fría están al orden del día.
El
entusiasmo por la cooperación con Moscú y la creación de foros como el G-20,
que además de Rusia incluía a China y otras potencias emergentes, ha dejado
paso a debates sobre el regreso de la contención,
la doctrina que en 1946 inspiró el diplomático
norteamericano George Kennan para frenar el
avance de la Unión Soviética sin recurrir a las
armas.
El Plan Marshall —el programa de ayuda que sentó las
bases de la reconstrucción económica en la Europa Occidental tras la Segunda
Guerra Mundial— fue la primera traducción concreta de la contención.
“Esta es una crisis
importante. Sin duda ha ocupado buena parte del tiempo del presidente. Sólo
hace falta mirar a la cantidad de llamadas que ha realizado. Y, para un
presidente, el tiempo es un bien preciado”, dice, en una conversación
telefónica, Steven Pifer, diplomático
norteamericano que fue embajador en Ucrania con la Administración Clinton y
ahora está adscrito al laboratorio de ideas Brookings Institution.
“Estados Unidos hablaba
de giro hacia Asia, pero con Ucrania vemos que Europa también necesitará que se
le preste atención”, añade.
[Ucrania] es
una crisis importante. Sin duda ha ocupado buena parte del tiempo del
presidente", dice un veterano diplomático
Obama era
quizá el primer presidente de EE UU posteuropeo, no marcado por la guerra fría
y sin conexión emocional con el Viejo Continente. Pero el pulso ruso en Ucrania
ha vuelto a situar Europa en el centro de las preocupaciones de Washington.
Obama,
que nació en Hawai y de niño vivió en Indonesia, iba a ser el primer presidente asiático. Pero en su
última gira asiática, que acabó la semana pasada, dedicó casi más tiempo a
hablar de Ucrania que de los países que visitaba.
Obama se
jugó parte del crédito internacional con el llamado ‘reset’, la puesta a cero
de las relaciones con Moscú tras las tensiones por la breve guerra en 2008 en
otro país de la órbita rusa, Georgia. Pero el
‘reset’ quedó enterrado cuando la Rusia de Vladímir Putin dio asilo a Edward
Snowden —el empleado de los servicios de inteligencia de EE UU que entregó a la
prensa los papeles secretos de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional, siglas en
inglés)— y cuando meses después fuerzas prorrusas tomaron el control de la
región ucraniana de Crimea.
Hay tiempos
en los que hay desastres y dificultades y desafíos por todo el mundo, y no podemos
solucionarlos todos”, dijo el presidente de EE UU
Obama es un típico
presidente “de repliegue”, escribe otro diplomático experto en Rusia, Stephen Sestanovich, en el libro Maximalist (Maximalista), una historia de la política
exterior norteamericana desde los años cuarenta hasta hoy.
Como
Dwight Eisenhower en los
años cincuenta y Jimmy Carter en los setenta, llegó al poder tras una época de
guerras sin victoria y excesos en el exterior de sus antecesores. Como
Eisenhower y Carter, el actual presidente es un minimalista, por oposición a
maximalistas como George W. Bush.
“Para
cualquier presidente embarcado en el repliegue, el éxito de su política no se
mide sólo por cómo Estados Unidos logra deshacerse de viejos compromisos”,
escribe Sestanovich. En esto Obama ha cumplido: EE UU se retiró de Irak y está
a punto de dar por concluida la guerra de Afganistán. Pero el éxito, según Sestanovich, también se mide por su capacidad para evitar que el repliegue despierte los
fantasmas recurrentes del declive, y para preservar la influencia de EE UU.
Y aquí es donde suelen tropezar los presidentes minimalistas.
Los bandazos
de Obama ante la guerra siria —el verano pasado aplazó una intervención militar
programada para negociar con el régimen de Bashar El Asad de la mano de Putin— se leyeron en Moscú como un signo de debilidad,
recuerda Pifer, aunque esta no sea la explicación principal de la intervención
rusa en Ucrania.
“Para Vladímir Putin el
acercamiento de Ucrania a la Unión Europea supuso cruzar una línea roja. Yo
diría que los rusos habrían intentado hacer descarrilar al gobierno ucranio y
desestabilizarlo, independientemente de quién fuese el presidente de EE UU y de
si les parecía fuerte o débil”, dice.
Los efectos
de la crisis ucrania van más allá de Europa. La resolución de la guerra civil
siria y las negociaciones para frenar el programa nuclear
iraní requieren la cooperación rusa.
Los socios asiáticos de EE UU observan con atención cada
gesto de Obama ante Putin y lo interpretan como una
señal de lo que Obama hará o dejará de hacer si China les amenaza.
Ucrania pone
a prueba el método Obama, el presidente que, tras el fiasco de Irak y la
política unilateral de Bush, optó por el multilateralismo, la vía de las
sanciones en vez de la guerra y el “liderazgo desde atrás”, expresión
acuñada por uno de sus asesores durante los bombardeos de Libia, en 2011,
donde, en un primer momento, franceses y británico asumieron la iniciativa.
¿Sirve este método ante Putin?
El
historiador Frank Costigliola, profesor en la
Universidad de Connecticut y editor de los diarios de Kennan, cree que EE UU ya aplica políticas de contención con Rusia y también
con China.
El “pivote
hacia Asia” es otra manera de limitar la influencia de Pekín
en la región Asia-Pacífico.
A Obama no
le gusta hablar de doctrina de la contención en el siglo XXI. “Ahora
mismo yo no necesito a un George Kennan”, ha dicho.
“Esto
significa que no necesita un gran estratega”, opina Costigliola desde
Connecticut. Pero añade: “Kennan y Obama comparten una preocupación por los
límites en la política exterior, por intentar hacer las cosas con un uso de la
fuerza mínimo, y procurar ser hábil en vez de dogmático”. Hace una semana, en Filipinas, el presidente de EE UU dijo casi lo mismo
con otras palabras: “Hay tiempos en los que hay desastres y dificultades y desafíos por
todo el mundo, y no podemos solucionarlos todos”.
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