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lunes, 30 de marzo de 2026

Bab El-Mandeb se une a Ormuz como pilares del poder económico global

 

  • Mapa que muestra el estrecho de Bab el-Mandeb, una puerta de entrada marítima crucial que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén.
Publicada: martes, 31 de marzo de 2026 3:26

La combinación de presión sobre Ormuz y el posible cierre de Bab El-Mandeb crearía una doble restricción sobre los flujos energéticos, aumentando la presión sobre EE.UU. y sus aliados en el Golfo Pérsico.

 

La inseguridad del estrecho de Ormuz, cerrado por Irán a Estados Unidos e Israel y sus aliados, en medio de la guerra terrorista de Washington y Tel Aviv contra la nación iraní, ya ha tensionado los flujos energéticos globales.

Ahora, la entrada de Yemen en el conflicto introduce un segundo punto de estrangulamiento: el estrecho de Bab El-Mandeb, con implicaciones directas para el comercio, los costos de transporte y el flujo de petróleo y gas hacia los mercados europeos.

La guerra entra en una nueva fase en la que Estados Unidos e Israel, tras los reveses en el enfrentamiento directo, han recurrido a ataques a infraestructuras y a la perspectiva de una invasión terrestre.


En este contexto, el movimiento popular yemení Ansarolá ha anunciado formalmente su ingreso al conflicto y declarado su alineamiento con Irán. Sus operaciones iniciales incluyen ataques con misiles y drones sobre territorios ocupados por Israel, pero la relevancia de su papel radica en su capacidad de actuar más allá de estas acciones.

Un alto funcionario de Ansarolá ha declarado que todas las opciones siguen sobre la mesa, incluyendo el cierre del estrecho de Bab El-Mandeb —un corredor marítimo que sustenta una gran parte del comercio mundial —a los buques de los países involucrados en la agresión.

Importancia de Bab El-Mandeb

La importancia de la geografía en este desarrollo es explícita. Como dijo Napoleón Bonaparte: “La política de un Estado reside en su geografía”.

La posición de Yemen a lo largo de Bab El-Mandeb lo sitúa al alcance de uno de los corredores de transporte más utilizados del mundo. El estrecho conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el mar Arábigo, enlazando Asia con el Cuerno de África y Europa a través del canal de Suez.

La magnitud de la actividad económica que atraviesa este corredor es considerable. Más de 8 millones de barriles de petróleo transitan el estrecho cada día, y adicionalmente 58 buques transportan gas natural licuado.

Alrededor del 40 % del comercio entre Asia y Europa pasa por esta ruta. Esto incluye aproximadamente el 20 % del comercio marítimo mundial de arroz y trigo, así como el 40 % del comercio marítimo de fertilizantes.

 

El valor anual de bienes y servicios transportados por Bab El-Mandeb supera los 800 000 millones de dólares, acercándose al billón. Este volumen es mayor que el Producto Interno Bruto total de la región.

Una parte significativa del comercio entre Europa y China transita por el mar Rojo, lo que convierte al estrecho en un componente central del comercio intercontinental.

Las consecuencias económicas de cualquier interrupción están vinculadas a la falta de rutas alternativas eficientes. 

Las exportaciones de petróleo y gas de los países del Golfo Pérsico hacia Europa vía Suez deben pasar por Bab El-Mandeb.

La ruta alternativa, rodeando el extremo sur de África hacia el estrecho de Gibraltar o el norte de Europa, incrementa los tiempos de transporte entre ocho y nueve días. Esto eleva los costos y reduce la eficiencia de las cadenas de suministro.

Arabia Saudí ha intentado reducir su dependencia de Ormuz mediante la construcción de un oleoducto que transporta petróleo desde sus regiones orientales hasta puertos en el mar Rojo, permitiendo que parte de sus exportaciones evite este angosto paso del Golfo Pérsico.

Sin embargo, el oleoducto sigue expuesto geográficamente a Yemen. Si se interrumpe, la capacidad de Arabia Saudí para exportar petróleo se reduciría de manera significativa, con la posibilidad de que la producción caiga casi a cero.

La combinación de presión sobre Ormuz y el posible cierre de Bab El-Mandeb crea una doble restricción, cuyo efecto se extiende más allá de los mercados energéticos al comercio de bienes, incluidos alimentos e insumos industriales.

Las fuerzas navales europeas ya han declarado que el nivel de amenaza para buques no asociados con Estados Unidos o Israel es “medio”, y han instado a todos los barcos comerciales y petroleros a mantenerse alejados de aguas yemeníes.

La misión naval europea en el Golfo de Adén, ASPIDES, emitió la advertencia, manteniendo a las fuerzas europeas en la región en máxima alerta y monitorizando de cerca los desarrollos.

Cualquier interrupción a lo largo de esta ruta implicaría mayores costos de transporte, aumento de primas de seguros y, en última instancia, productos más caros en Europa y Asia.

Los barcos que pretendan transitar por el canal de Suez y el mar Rojo ahora enfrentan la elección de tomar rutas más largas y costosas, como el cabo de Buena Esperanza, o afrontar un riesgo mayor de ataque.

La realidad sobre el terreno es que la República Islámica de Irán, apoyada por sus aliados regionales, ha logrado ejercer influencia directa sobre dos de los puntos de estrangulamiento energético más críticos del mundo.

La advertencia europea a los barcos de evitar aguas yemeníes reconoce efectivamente que el frente de resistencia bajo liderazgo iraní ha desplazado el equilibrio marítimo de la región a su favor.

Si Yemen amplía sus operaciones para incluir ataques contra países vecinos del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG, integrado por países árabes ribereños del Golfo Pérsico), las consecuencias podrían ser aún más graves.

Yemen está mejor posicionado que Irán para atacar infraestructuras saudíes y bases militares occidentales en el Golfo Pérsico.

Cualquier guerra de este tipo sería probablemente más intensa, más destructiva y devastadora que los conflictos anteriores. Además, significaría la reanudación de la guerra saudí-yemení de 2015, que había quedado en una tregua en 2022.

En resumen, si las operaciones yemeníes se expanden, podrían imponer una presión sin precedentes sobre el comercio y la seguridad energética vinculados a EE.UU. e Israel, destacando la capacidad del frente de resistencia para moldear tanto la dinámica de poder regional como el panorama económico global.

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