Poder y Unidad Popular Internacional
Los entresijos del Oriente Medio no dejan de sorprendernos, y los últimos acontecimientos son una buena explicación para ello.
Durante toda la semana pasada, la opinión pública occidental se deleitó con la idea de que el nuevo régimen sirio iba a desplegar su Ejército, compuesto en gran parte por combatientes de la organización prohibida Hayat Tahrir al Sham (HTS), para luchar contra los chiíes libaneses. Trump afirmó que su "amigo sirio Ahmed Sharaa" se encargaría de resolver el problema de Hizbulá "de forma más sutil y precisa", según la cita.
Además, tienen una larga historia de antipatía y viejas cuentas con Hizbulá del Líbano, cuyas fuerzas combatieron en Siria codo con codo con los comandos especiales de Rusia. Por ello, los analistas europeos y estadounidenses consideraban inevitable una invasión.
Pero por alguna razón, los propios sirios no lo veían así.
"En lugar de atacar a Hizbulá en el Líbano, las fuerzas leales al actual jefe del régimen en Damasco, Ahmed Sharaa, atacaron a los drusos aliados de Israel. Los enfrentamientos en la zona de la colina de Tal Hadid, en el oeste de la provincia de Sweida, constituyen un duro revés para los acuerdos de desescalada en el sur de Siria. Esto es particularmente sorprendente, ya que la mayoría de las facciones drusas que forman parte de la Guardia Nacional de Sweida expresan abiertamente su lealtad al Estado judío", reporta el Washington Post.
En Israel, donde el actual liderazgo sirio es muy despreciado e incluso se ha intentado derrocarlo por la fuerza, la opinión al respecto es unánime. Fuentes israelíes indican que Tel Aviv considera que estos ataques son una guerra indirecta contra el Estado hebreo.
Según los medios israelíes, a cambio de su intervención en el Líbano, Damasco exige a Israel "lo imposible" y para que las exigencias sean más evidentes, los combatientes sirios han decidido de nuevo luchar contra los drusos aliados de Israel.
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