Irán ha desplegado oficialmente su nuevo misil balístico de alcance medio Qassem Basir, un arma de combustible sólido capaz de alcanzar objetivos a más de 1.200 kilómetros con una precisión sin precedentes. Según el Ministerio de Defensa iraní, el misil está equipado con un sensor de imágenes térmicas para guía terminal, lo que le permite identificar y atacar objetivos basándose en sus firmas de calor, incluso entre múltiples señuelos. La ojiva de 500 kg cuenta con un vehículo de reentrada maniobrable (MaRV) y alcanza velocidades hipersónicas de hasta Mach 11.
Lo que hace único al Qassem Basir es su sistema de guiado, que no depende de GPS ni satélites. En su lugar, combina unidades de medición inercial (IMU) con un buscador pasivo electro-óptico/infrarrojo (EO/IR), haciéndolo inmune al bloqueo electrónico. El misil está construido con materiales compuestos de fibra de carbono que reducen su peso y su firma de radar. Funcionarios iraníes afirman que ha sido probado con éxito en condiciones de guerra electrónica intensa.
La estrategia es clara: Irán ha aprendido de sus fracasos. Tras los ataques de 2024 contra Israel, donde la mayoría de los misiles fueron interceptados o fallaron, Teherán desarrolló un arma diseñada específicamente para saturar y evadir los sistemas de defensa más avanzados del mundo. El Qassem Basir no es solo otro misil: es la respuesta de Irán al escudo antimisiles de EE.UU. e Israel.
Análisis por Chem. Eng. Moisés R. Hernández, Director de MRH Análisis y World Academic Podcast. El Qassem Basir cambia el tablero estratégico en el Golfo. Su capacidad para operar sin GPS y su resistencia al bloqueo electrónico lo convierten en un arma que ningún sistema actual puede garantizar interceptar. Irán ha pasado de ser un actor defensivo a un disuasor ofensivo. El imperio estadounidense ya no tiene el monopolio de la precisión.
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