¿Frente común contra EE.UU.? 2 blancos constantes de las críticas de Trump avanzan hacia una asociación inédita
En un plazo aún no especificado, Canadá podría hacer historia y convertirse en el primer miembro asociado de la Unión Europea (UE), según revelara esta jornada la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el discurso que pronunció ante el Parlamento del bloque.
"Me gustaría trabajar con ustedes para abrir la puerta a que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la UE. Pasaremos del CETA –Acuerdo Económico y Comercial Global– a una alianza para el futuro, con el fin de crear un espacio de prosperidad común y seguridad económica", declaró la funcionaria ante el pleno Legislativo, en el que figuró como invitado de honor el primer ministro canadiense, Mark Carney.
En cuanto a las áreas estratégicas de la alianza, aludió a "la fabricación inteligente", la integración de "las bases industriales de defensa", proyectos conjuntos en el Ártico y minerales críticos "para la energía y baterías". A ello sumó "inteligencia artificial, tecnologías cuánticas, ciberseguridad y seguridad económica".
Por su parte, Carney consideró que "la UE ha proporcionado mayor estabilidad a todo el continente, mayor movilidad para sus ciudadanos y un mercado único que otorga a Europa un peso económico global", y calificó como "un honor escuchar a la presidenta [Ursula] von der Leyen dirigirse al Parlamento Europeo hoy", mientras Bruselas y Ottawa construyen "una asociación más profunda para el futuro".
No es todo. En su intervención, Von der Leyen hizo énfasis en la necesidad de que Europa gestione autónomamente su seguridad bajo un esquema similar al que rige el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que establece la obligatoriedad de brindar apoyo militar directo si uno de los miembros de la OTAN es agredido.
"Europa necesita su propio manual para contrarrestar los ataques híbridos, un Protocolo de Seguridad de Emergencia. Cuando sea activado por un Estado miembro, todos los Estados miembros coordinarían una respuesta europea. También expondremos nuestras ideas para hacer realidad unConsejo de Seguridad Europeo", sintetizó en su perfil de X. Apuntó asimismo que, entre otros socios, Bruselas sopesa la inclusión en esta iniciativa de Canadá, Noruega, el Reino Unido y Ucrania.
Momento e implicaciones
El anuncio de Von der Leyen coincide con un lapso de crecientes tensiones comerciales y políticas con la Casa Blanca en los dos lados del Atlántico y ya provocó la reacción del presidente estadounidense, Donald Trump, quien amenazó a Bruselas con represalias comerciales, en caso de que los acuerdos con Ottawa no se correspondan con lo que Washington califique como actos de buena fe.
"Si hacen eso –incluir a Canadá como miembro asociado de la UE–, impondré aranceles muy severos, dejaré de comerciar con Europa o tomaré otras medidas contundentes […]. Si la intención es buena, está bien; pero si es mala, impondremos aranceles muy elevados a Europa", advirtió al ser consultado por la prensa sobre ese tema.
De otro costado, Trump no solo se negó a renovar automáticamente el Tratado México-EE.UU.-Canadá (T-MEC), que regía el comercio trilateral desde 2018 y ahora entró en una etapa de revisiones anuales, sino que le ha impuesto duros aranceles a Ottawa, al considerar que la relación comercial con su vecino del norte está signada por la desigualdad.
Carney ha rechazado esos señalamientos, al tiempo que la medida de Trump ha sido ampliamente cuestionada del lado canadiense, desde donde se ha promovido un boicot a las mercancías estadounidenses y se han impuesto medidas recíprocas.
Las fricciones también se han visto insufladas por las retóricas agresivas del político republicano, que han incluido el cambio de denominación del lago Ontario, al que designó unilateralmente como 'lago América', así como la insinuación sostenida de que Canadá podría convertirse en el estado 51 de EE.UU. o que sin el concurso de Washington ese país no existiría.
Del lado de la UE, la situación no es mejor. Además de imponerle pesados aranceles al bloque, Trump ha arremetido contra sus liderazgos e instituciones, a los que ha acusado de "robar" a compañías tecnológicas estadounidenses y de adoptar medidas "ilegales y altamente discriminatorias", refiriéndose con ello a las cuantiosas multas asociadas al incumplimiento de regulaciones que han caído sobre Google y otros gigantes.
No obstante, la tensiones no están restringidas al ámbito económico. El inquilino de la Casa Blanca cuestionó abiertamente la negativa de los países europeos que también hacen parte de la OTAN a involucrarse directamente en la guerra de agresión que lanzaran EE.UU. e Israel contra Irán a finales de febrero pasado.
Entonces, puso en cuestión la utilidad de la alianza militar y deslizó que EE.UU. no tendría por qué financiar la seguridad de sus socios en Europa. Es en esa clave donde se inscribe el Consejo de Seguridad Europeo anunciado este jueves por Von der Leyen, aunque todavía no tenga fecha en el horizonte.
A ello se suman los impactos de la presencia de China en sectores claves de la economía europea y un déficit comercial que se ha hecho estructural. Así, según una estimación de Eurometal, el bloque podría perder hasta 300.000 empleos en la segunda mitad del año en curso por causa de la competencia de las empresas chinas. En particular, la preocupación se asienta en que Bruselas ha mutado de actor resaltante en la producción de productos terminados a proveedor de materias primas sin transformar, lo que impacta significativamente en las cadenas de valor.
La UE ha respondido a esos desafíos imponiendo restricciones a las importaciones chinas, lo que incluye gravámenes a los vehículos eléctricos, pechajes sobre el acero y sanciones relacionadas con Rusia, aunque sin renunciar a las conversaciones con Pekín. No obstante, desde el país asiático replicaron con restricciones dirigidas a compañías que fabrican mercancías en los sectores de defensa y tecnología, lo que ha supuesto un nuevo flanco de disputa.
Incertidumbre
En otros momentos, Bruselas ha intentado echar adelante la figura del miembro asociado –que no existe en su normativa– para estrechar lazos comerciales y políticos con aliados como el Reino Unido o Ucrania, pero esos esfuerzos no han fructificado. Von der Leyen admitió que el diseño de la membresía sería "a medida", bajo la premisa de que ese socio privilegiado, si bien comparte los valores europeos, no estará obligado a someterse a sus leyes e instituciones.
Por otra parte, si bien asoman a la vista ventajas como el que ciudadanos de la UE y de Canadá puedan vivir y trabajar libremente en ambos territorios sin necesidad de visado y que las dos partes podrían acceder a materias primas y tecnología estratégica con relativa facilidad, siguen sin estar claros los lapsos, los alcances y las autorizaciones, especialmente del lado canadiense.



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