Lo que parecía ciencia ficción en 2007 hoy se lee como una advertencia.
La gasolina regular en California está hoy a $6.37 por galón.
En la película "I Am Legend", el letrero de la estación abandonada marca $6.63.
A tan solo 26 centavos del "apocal1psis"...
Esa es toda la distancia que nos separa de un precio que Hollywood usó para representar el "fin del mundo".
Y hay algo peor.
El diésel en California ya superó los $8 por galón. Varias estaciones han llegado a $9.999... y ahí se detienen. Literalmente.
Los surtidores no pueden mostrar más de tres dígitos. El sistema se quedó sin números.
Cuando la máquina que mide el precio ya no alcanza a expresarlo, no estamos hablando de un dato económico más. Estamos hablando de una señal.
El diésel mueve los camiones. Los camiones mueven todo lo que compras. Cuando el diésel se dispara, no se queda en la b0mba: llega a tu supermercado, a tu farmacia, a tu mesa.
Esto no es una predicción. Está pasando ahora.
La ficción puso el número en una pantalla. Casi dos décadas después, la realidad se acercó mucho más de lo que cualquiera habría imaginado.
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