Teherán ha pasado a la "economía de guerra total". Tras los ataques israelíes y estadounidenses que dañaron instalaciones críticas en South Pars —el pulmón que generaba el 85% de sus exportaciones—, el gobierno iraní ha prohibido la salida de cualquier producto petroquímico. Ya no es solo que el Estrecho de Ormuz esté cerrado; es que Irán ya no tiene excedentes que vender.
Los informes satelitales confirman que la refinería número 4 del complejo de Assaluyeh quedó casi destruida. Las plantas de desalinización y energía (Jam y Damavand) están fuera de servicio, lo que significa que, aunque el bloqueo se levante mañana, Irán tardará meses o años en volver a producir a niveles normales.
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