El autogol económico de Trump en su aventura contra Irán
Hasta ahora, la secuencia de eventos indica que la economía estadounidense podría seguir los pasos de los Patriots que tratan de defender, sin éxito, el cielo del Golfo: insuficientes para prevenir el daño autoinfligido por una guerra irresponsable.
Las señales de extenuación para EE. UU. desde que decidió emprender junto a "Israel" una agresiva y demencial ofensiva bélica contra la República Islámica de Irán el pasado 28 de febrero, no solo se expresan en la dimensión militar, sino también en la económica, justo donde la carga del dolor infligido es mucho más difícil de asimilar y contener.
Así como los onerosos sistemas norteamericanos de defensa antiaérea no están logrando contener el constante aguacero de drones y misiles iraníes sobre "Tel Aviv" y ciudades de las monarquías del Golfo alineadas con Washington, la administración Trump tampoco ha podido amortiguar con éxito los impactos y tensiones económicas de una guerra que promovió de forma unilateral y cuyo costo diario para los contribuyentes asciende a casi 60 millones de dólares, de acuerdo con un reporte reciente del Institute for Policy Studies.
Ansiedad en la Casa Blanca
Como era de esperarse, el aumento casi inmediato de los precios de los combustibles en EE. UU. tras los primeros ataques contra Irán activó las alarmas, reflejando una transferencia casi mecánica del acelerado incremento en las cotizaciones mundiales del crudo (en los marcadores WTI y Brent, principalmente) hacia las estaciones de servicio en todo el territorio norteamericano.
En ambas referencias, el valor del petróleo ya se encuentra umbral de los 80 dólares el barril, a causa de las interrupciones en el crítico Estrecho de Ormuz y de los bombardeos a infraestructuras petroleras claves en el Golfo, y registra una trayectoria ascendente de entre el 15 por ciento y el 18 por ciento desde el inicio de la “Operación Furia Épica”.
Nada más esta semana, siguiendo el reporte de Will Kubzansky para el portal Energy Now, el precio del galón de gasolina aumentó 25 centavos de dólar, mientras que el diésel escaló un 30 por ciento, un indicador fuertemente conectado al comportamiento alcista de la inflación interna, ya que incide en el encarecimiento del transporte marítimo de mercancías.
Para Kubzansky, esta subida, la más alta desde que el magnate oriundo de Queens asumió el cargo en enero de 2025, representa “una mala noticia para el presidente Donald Trump, quien constantemente ha promocionado los precios más bajos en las gasolineras como una medida de su éxito”.
El gobierno estadounidense ha tratado de calmar las aguas, y apeló retóricamente al aumento de la producción petrolera interna, a los barriles disponibles en la reserva estratégica y a la influencia comercial sobre la industria energética venezolana, en un esfuerzo por delinear un escenario de certidumbre y confianza con el objetivo de convencer a la opinión pública de que el desarrollo de la guerra en Asia Occidental no afectará los bolsillos de la población norteamericana.
Pero el mensaje ha sido insuficiente. El día de ayer, POLITICO reveló que la jefa de gabinete, Susie Wiles, está ansiosa por ofrecer “buenas noticias” sobre el tema, exigiendo a asesores y altos funcionarios de la administración ideas específicas con las que brindar algún tipo de alivio inmediato a los consumidores, que ya enfrentan el estrés cotidiano del precios de los alimentos al alza, con la carne y el juego de naranja registrando aumentos del 13,7 por ciento y 28,2 por ciento, respectivamente, según un reporte de NBC basado en el índice de precios al consumidor mensual de EE. UU..
Con una ventaja de siete puntos en intención de voto para el Partido Demócrata de cara a las midterms de noviembre, un empeoramiento agresivo del panorama de consumo y asequibilidad asociado al desajuste de los combustibles podría aumentar exponencialmente el daño político-electoral para los republicanos, en tanto solo el 30 por ciento de la población valora como positivo el estado actual de la economía.
Costos políticos al alza
Mientras la Casa Blanca se convierte en una sala de apuestas para encontrar una salida, y Wiles sostiene que no contener la subida “sería catastrófico para los republicanos en las elecciones” de medio término, el propio Trump ha optado por desestimar el impacto económico de su aventura bélica.
“Bajarán muy rápido cuando esto termine, y si suben, subirán, pero esto es mucho más importante que suban un poco los precios de la gasolina”, afirmó el magnate en una entrevista exclusiva con Reuters, apostando a que será posible mitigar los efectos negativos de la campaña bélica tras lograr sus principales objetivos en el transcurso de unas pocas semanas.
El problema de la premisa del republicano es que la evolución de la economía no se desarrolla conforme a sus caprichos. Aun cuando la gasolina y el diésel pudieran estabilizarse coyunturalmente inyectando crudo de la reserva estratégica o eliminando impuestos, la extensión en el tiempo de altos precios del crudo podría llevar a EE. UU. a “una mayor inflación y un crecimiento más lento, una combinación que la Reserva Federal no puede contrarrestar”, según el analista de Bloomberg, Clive Crook.
Para Crook, Trump se sitúa en un peligroso escenario de estanflación, donde una deuda pública inmanejable y la fuerte restricción presupuestaria generada por el fallo de la Corte Suprema contra su estrategia arancelaria, socavan los mecanismos disponibles para responder asertivamente al recalentamiento de la economía ocasionado por su guerra ilegal contra Irán.
En el contexto actual, el analista afirma que el mandatario tiene “poco o ningún margen fiscal para responder a un gran revés económico con recortes de impuestos y gasto público adicional”, viéndose obligado a emitir más deuda, agravando sus rasgos estructurales de insostenibilidad y debilitando potencialmente el poder del dólar estadounidense.
Dicho de otra manera, el elevado déficit presupuestario del gobierno norteamericano que Trump aspiraba amortiguar con su guerra comercial global debilita la capacidad de respuesta de su administración a la hora de estimular la economía en un contexto de presión inflacionaria catalizada por altos precios mundiales del crudo, mientras el esfuerzo bélico extraer recursos de los deteriorados bolsillos de los contribuyentes.
Las personas de bajos ingresos son las más afectadas por el incremento de los combustibles, lo que podría terminar de definir la balanza del voto en la venidera cita electoral de noviembre, sobre todo en el decisivo sector de los independientes, donde la aprobación de Trump llega a duras penas al 26 por ciento.
Lydia DePillis, para el New York Times, retrata esta economía política de la insatisfacción desfavorable al republicano: “Quienes tienen bajos ingresos tienden a gastar una mayor parte de sus ingresos en gasolina. A medida que suben los precios del galón, la gente reduce sus prioridades. Con la tasa de ahorro personal en su nivel más bajo en más de tres años y las tasas de morosidad en tarjetas de crédito y préstamos para automóviles en aumento a niveles no vistos desde la Gran Recesión, ya no queda mucho margen de maniobra”.
Un sondeo reciente del Washington Post profundiza en lo relatado por DePillis. El estudio del rotativo expuso que, para casi el 30 por ciento de la población, el gasto en gasolina es inasequible. Pero lo verdaderamente revelador de la encuesta radica en que para más de la mitad del país “el gasto discrecional en salidas a cenar, vacaciones y coches nuevos” es también casi imposible de costear.
Con una población viviendo al límite, en medio de un proceso de destrucción acelerado de la clase media que se ha profundizado en los últimos años, resulta lógico que solo uno de cuatro estadounidenses apoye la guerra de Trump contra Irán.
De acuerdo con una encuesta de principios de marzo de Reuters/Ipsos, “alrededor del 45 por ciento de los encuestados, incluido el 34 por ciento de los republicanos y el 44 por ciento de los independientes, dijeron que sería menos probable que apoyaran la campaña contra Irán si los precios del gas o del petróleo aumentaran en Estados Unidos”.
Hasta ahora, la secuencia de eventos indica que la economía estadounidense podría seguir los pasos de los Patriots que tratan de defender, sin éxito, el cielo del Golfo: insuficientes para prevenir el daño autoinfligido por una guerra irresponsable. Ante esa realidad, la ansiedad de Wiles está perfectamente fundamentada, ya que Trump va generando las condiciones para un golpe de gracia económico lo suficientemente devastador como para poner al Partido Republicano contra las cuerdas en noviembre, sin poder sobreponerse para el 2028.

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