¿Cómo la escalada en Oriente Medio puede impactar a Latinoamérica?
La escalada en Oriente Medio, tras la agresión de EE.UU. e Israel contra Irán, puede tener un impacto en América Latina que está aún por definirse. Al no ser regiones contiguas, podría suponerse que se trata de un conflicto distante con escasas consecuencias locales. Sin embargo, con el paso de las horas y las nuevas decisiones de ambos bandos, queda claro que este enfrentamiento repercutirá en el mundo entero.
Al parecer, no estamos en presencia de una reedición de "la guerra de los 12 días", sino de un trance que podría prolongarse en el tiempo y tener mayor repercusión a escala global.
Para América Latina, la situación cobra especial relevancia no solo por las acciones de EE.UU., sino por lo que podría "dejar de hacer" en nuestro continente, mientras su accionar en Irán se 'empantana', como parece estar ocurriendo.
Como sabemos, desde el inicio de la Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, en enero de 2025, ha existido una persistente presión hacia la región y las mayores preocupaciones de Washington se han dirigido hacia países latinoamericanos como: Panamá, México, Venezuela, Colombia y Cuba. En un año, el mandatario ha demostrado fuerza, capacidad de presión e inversión de tiempo y recursos, para producir eventos que han trasmutado el sentido político de los gobiernos de la zona geográfica.
Para América Latina, la situación cobra especial relevancia no solo por las acciones de EE.UU., sino por lo que podría "dejar de hacer" en nuestro continente, mientras su accionar en Irán se 'empantana', como parece estar ocurriendo.
Tras la publicación de la Estrategia de Defensa Nacional en diciembre y de la Seguridad Nacional en febrero, se hizo evidente que la avanzada de la administración Trump en América Latina no era un capricho y que las acciones no obedecían a reacciones azarosas, sino a una definición estratégica con un marcado trasfondo geopolítico. Se trataba de una vuelta de EE.UU. a poner el foco de manera concentrada en la región y retomar la iniciativa hegemónica que había perdido por los "ciclos progresistas", que abrieron alianzas políticas y comerciales con países considerados adversarios.
Bajo este plan estructurado, se enmarcan acciones como el discurso de ofensiva contra los cárteles en México, el asedio a Cuba y el cambio de gobierno en Venezuela. Asimismo, destacan la presencia militar en Perú, la activación de puertos en Argentina, las anunciadas sanciones contra funcionarios chilenos por haber adelantado un cable de fibra óptico con China, y la presión sobre el gobierno panameño para tomar el control del Canal y deshacerse de las empresas asiáticas.
El objetivo es claro: mantener a la región bajo la influencia estadounidense para confrontar la presencia comercial de China, la geopolítica de Rusia y los movimientos progresistas de izquierda surgidos en las últimas décadas. Así, EE.UU. daba la impresión de retirarse del mundo para concentrarse en reocupar su 'patio trasero'.
El punto de quiebre
Los pronósticos no eran correctos. De manera inesperada, EE.UU. ha decidido intervenir en Irán mediante una operación militar que busca el cambio de régimen islamista. Aunque Washington y sus aliados preveían que el conflicto durara pocos días u horas, hoy parece proyectarse en el tiempo. Esto altera la estrategia geopolítica del Pentágono y permite avizorar consecuencias más profundas y no contempladas para América Latina.
El primer impacto radica en el cambio de foco: las preocupaciones de EE.UU. se desplazan de América Latina y no sabemos por cuanto tiempo. Esto podría otorgar un "respiro" a los gobiernos latinoamericanos que actualmente se encuentran asediados por Washington. Por ejemplo, podría quitar presión a Cuba que parecía sufrir una intervención inminente.
Del mismo modo, el gobierno de Venezuela podría obtener mayores ingresos petroleros, lo que le brindaría un margen de maniobra superior para tomar decisiones soberanas. México vería una pausa en la ofensiva estadounidense en su contra, y Colombia podría desarrollar su campaña electoral sin tanta tensión desde EE.UU.
El desenlace en Irán es clave. Si la guerra se prolonga y EE.UU. no logra controlar el petróleo de ese país ni derrocar al gobierno de Teherán, el alivio para los gobiernos latinoamericanos será más acentuado.
En el escenario actual, no se trata de que la potencia del norte no pueda 'caminar y masticar chicle al mismo tiempo', sino de que Trump ha redoblado sus apuestas políticas en Irán. Por ese motivo, el funcionariado estadounidense está volcado en responder a la crisis actual (restando prioridad a América Latina) y, por ahora, abrir otro flanco parece una apuesta poco conveniente.
Por todo esto, el desenlace en Irán es clave. Si la guerra se prolonga y EE.UU. no logra controlar el petróleo de ese país ni derrocar al gobierno de Teherán, el alivio para los gobiernos latinoamericanos será más acentuado.
Por el contrario, si Washington toma el control de los recursos energéticos en el corto plazo, es probable que vire su agenda hacia América Latina con mayores ínfulas de poder para concretar cambios de gobierno en países como Cuba y Venezuela, o intervenir con más fuerza en las campañas electorales de Brasil y Colombia.
Otro de los escenarios posibles es que una derrota obligue a Trump a buscar victorias radicales en nuevos escenarios. O incluso, que sea persuadido por las bases republicanas de poner toda la concentración y esfuerzo en la política doméstica. Todo está por verse.
Es la economía
A esto se suman las variables económicas: el alza del precio del petróleo beneficiaría a algunos países, pero generaría inflación y déficit en aquellos que dependen de combustible barato. Esta coyuntura podría permitir que Venezuela recupere su rol como distribuidor petrolero regional. No obstante, la inflación suele derivar en más inestabilidad interna y crisis políticas en la región.
Finalmente, las consecuencias en el propio EE.UU. serán determinantes. Si la figura de Trump se debilita y el Partido Republicano pierde fuerza frente a un posible triunfo demócrata en el Congreso, en las elecciones de medio término de noviembre, las perspectivas cambiarán drásticamente tanto para los aliados de Trump en la región como para sus adversarios. Esto permitirá a los liderazgos regionales mantener distintos grados de reacción y beligerancia frente a Washington.
Lo cierto es que América Latina está avizorando muy de cerca lo que ocurre Irán, no tanto por las lamentables secuelas de la guerra, sino por el grado de fortaleza o debilidad que va a sembrar en el liderazgo estadounidense. Un Trump disminuido, en medio de una situación de inestabilidad social en su país, va a obligar a 'tirios y troyanos' a barajar sus perspectivas sobre el grado de alineación con la Casa Blanca. Por el contrario, la fortaleza del inquilino de la Casa Blanca puede significar mayores ansias de control y hegemonía.
En el plano diplomático, el panorama es el esperado: Argentina y Ecuador aparecen duramente alineados con Washington, mientras que Chile y Colombia se muestran críticos ante la escalada. Aunque esto no cambie radicalmente la política interna a cada país, sí fomentará una mayor confrontación en el discurso político regional.
Una derrota para Trump hará temblar a sus aliados. En cambio, una victoria, repotenciará su discurso altisonante.
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.


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