Vistas de página en total

miércoles, 27 de mayo de 2026

Aliado árabe de EE.UU. se acerca cada vez más a una guerra directa con Irán..Por Murad Sadygzade, presidente del Centro de Estudios de Oriente Medio de Moscú.

 

Aliado árabe de EE.UU. se acerca cada vez más a una guerra directa con Irán..

Por Murad Sadygzade, presidente del Centro de Estudios de Oriente Medio de Moscú.
Publicado:
El país del Golfo se encuentra atrapado entre dos fuegos: la dependencia militar y económica de Estados Unidos y las amenazas de Irán.


Aliado árabe de EE.UU. se acerca cada vez más a una guerra directa con Irán

Tras el 28 de febrero de 2026, las relaciones entre Emiratos Árabes Unidos e Irán entraron en una nueva fase de escalada, en la que la antigua fórmula de pragmatismo cauteloso dejó, en la práctica, de funcionar.

Formalmente, Abu Dabi declaró su neutralidad en la guerra que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán y subrayó que no estaba proporcionando su territorio, su espacio aéreo ni sus aguas para ataques contra la República Islámica. Sin embargo, el curso de la guerra mostró rápidamente que Teherán ya no creía en esas declaraciones. EAU sigue siendo un socio clave de EE.UU. en el golfo Pérsico, participante en los Acuerdos de Abraham con Israel y un importante centro financiero y logístico dentro de la infraestructura occidental en la región. Por esa razón, en la percepción iraní, los Emiratos se parecen cada vez más a un integrante de una coalición antiiraní.

El símbolo central de la disputa sigue siendo la cuestión de Abu Musa, Gran Tunb y Pequeña Tunb, tres islas situadas cerca de la entrada al estrecho de Ormuz. Irán estableció el control sobre ellas en 1971, poco antes de la creación de EAU. Desde entonces, los Emiratos consideran esas islas como territorio ocupado y exigen que la disputa se resuelva mediante negociaciones o arbitraje internacional. Para Irán, el asunto está cerrado, ya que Teherán considera que las islas forman parte de su territorio. Para EAU, se trata de una herida no cerrada desde el nacimiento de la federación y de un recordatorio constante de su vulnerabilidad estratégica frente a un vecino más grande. Las discusiones actuales sobre un posible escenario militar en torno a esas islas se perciben hoy como un retorno directo al tema más doloroso en las relaciones entre Emiratos e Irán.

Una apariencia de neutralidad

Antes de la guerra actual, Abu Dabi intentaba mantener buenas relaciones con todos. Necesitaba preservar el comercio con Irán, garantizar su seguridad a través de EE.UU., desarrollar la cooperación tecnológica y militar con Israel y, en su discurso público, evitar una implicación directa en el conflicto. Pero después de que Estados Unidos e Israel atacaran a Irán, ese equilibrio empezó a derrumbarse. Aparecieron reportes de prensa sobre contactos secretos entre funcionarios israelíes y la dirigencia emiratí en el punto álgido de la guerra. CBS News informó que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, había realizado una visita secreta a EAU y se había reunido con el presidente del país, Mohamed bin Zayed.

Según la cadena, la reunión tuvo lugar a finales de marzo, cuando la actual escalada militar ya había comenzado. La parte israelí trató la visita como un hecho, mientras que EAU negó públicamente esos reportes. Esa discrepancia se convirtió por sí sola en un episodio político importante, dañando la imagen de neutralidad emiratí y dando a Irán un nuevo argumento para acusar a Abu Dabi de coordinación encubierta con Jerusalén Occidental.

Aún más reveladores fueron los informes sobre las visitas del jefe del Mossad, David Barnea, a Emiratos. Según The Wall Street Journal, citado después por medios israelíes y regionales, Barnea viajó a EAU al menos dos veces durante la guerra para coordinar acciones en el frente iraní. The Jerusalem Post escribió que esas visitas tuvieron lugar durante la operación contra Irán y también informó sobre una visita del jefe del Shin Bet, David Zini. Estos reportes, como toda diplomacia de canal secundario en tiempos de guerra, deben tratarse con cautela, ya que se basan en fuentes y no revelan el panorama completo de las conversaciones. Sin embargo, su significado político es evidente.

Si, en el contexto de una neutralidad declarada, no solo viajan a EAU políticos israelíes, sino también jefes de inteligencia israelíes, entonces para Irán esto se convierte en otro argumento de que Abu Dabi está efectivamente integrado en un sistema de coordinación estadounidense-israelí contra Teherán.

Para los propios Emiratos, esos contactos pueden parecer un elemento de coordinación defensiva e intercambio de inteligencia, pero en tiempos de guerra esa distinción prácticamente deja de funcionar. A ojos de Irán, una visita del jefe del Mossad no puede ser un episodio neutral, especialmente cuando ocurre al mismo tiempo que ataques contra territorio iraní, entregas de sistemas de defensa aérea e intensificación de la presión estadounidense sobre los Estados del golfo.

Asistencia militar israelí

Axios, citando a funcionarios israelíes y estadounidenses, informó de que Israel había enviado a Emiratos un sistema de defensa aérea Cúpula de Hierro y personal militar para operarlo, algo que más tarde confirmó el embajador de EE.UU. en Israel, Mike Huckabee. Para EAU, esta cooperación puede explicarse como una necesidad defensiva, ya que el país se encontraba bajo amenaza de ataques con misiles y drones. Para Irán, sin embargo, la lógica es distinta. Teherán lo percibe como la integración de Emiratos en la infraestructura militar israelí en el Golfo.

Oficialmente, Abu Dabi puede argumentar que se trata solo de la protección de infraestructuras civiles. Pero la guerra borra la frontera entre defensa y participación. Cada sistema de defensa aérea, cada grupo de especialistas militares extranjeros, cada intercambio de inteligencia y cada reunión a puerta cerrada con dirigentes israelíes pueden ser vistos como parte de un único frente. Esto muestra que los vínculos entre Emiratos e Israel después de los Acuerdos de Abraham ya no se limitan a la diplomacia, el comercio y la tecnología. En condiciones de guerra, esos lazos adquieren un significado militar y estratégico directo.

Presencia estadounidense

Representantes iraníes afirmaron que la CIA y estructuras militares estadounidenses operaban desde territorio emiratí o utilizaban infraestructura de EAU en operaciones contra Irán. Es difícil verificar la veracidad de esas declaraciones, pero en tiempos de guerra las afirmaciones en sí pasan a formar parte del conflicto. Teherán las utiliza para justificar la presión sobre EAU y para presentar a los Emiratos como una plataforma de actividad estadounidense e israelí. Abu Dabi, por su parte, ha quedado en una posición difícil. Si reconoce abiertamente una coordinación profunda con Washington y Jerusalén Occidental, se convierte en un objetivo directo para represalias iraníes. Si lo niega todo mientras sigue formando parte del sistema de seguridad estadounidense y recibe ayuda defensiva de Israel, su neutralidad parece cada vez menos convincente.

El factor financiero

Durante décadas, Dubái ha sido uno de los centros exteriores más importantes para los negocios iraníes, incluidas empresas comerciales, casas de cambio, estructuras intermediarias y canales de pago a través de los cuales Teherán esquivaba parcialmente las sanciones. En medio de la guerra, aparecieron informes no confirmados de que Emiratos, poco antes de la actual escalada o ya durante el conflicto, había restringido canales financieros iraníes, congelado activos vinculados a Irán o participado en acuerdos cerrados relacionados con el movimiento de miles de millones de dólares. La evidencia abierta más fiable apunta a un patrón más amplio de presión intensificada. Estados Unidos impuso nuevas sanciones a la casa de cambio iraní Amin Exchange y a una red de entidades relacionadas, incluidas empresas en Emiratos, Turquía, China y Hong Kong, que, según Washington, ayudaban a bancos iraníes a realizar transacciones eludiendo restricciones.

Para Irán, este es otro frente más de la guerra. Incluso si EAU explica el endurecimiento de los controles financieros como una exigencia del régimen de sanciones y una forma de proteger su propio sistema bancario, el momento político convierte esas medidas en parte de la presión sobre Teherán.

En tiempos de paz, Abu Dabi podía desempeñar el papel de intermediario entre la realidad de las sanciones y la realidad de convivir junto a Irán. En tiempos de guerra, esa zona gris se transforma rápidamente en un campo de acusaciones. Si Emiratos cierra canales financieros, Irán lo ve como una participación en la guerra económica. Si los deja abiertos, EE.UU. aumenta la presión sobre Abu Dabi y exige mayor disciplina en la aplicación de las sanciones.

Presión para actuar

La situación se complicó aún más por las alegaciones de que funcionarios estadounidenses estaban animando a Emiratos a implicarse de forma más activa en la campaña y a considerar la posibilidad de apoderarse de una de las islas iraníes en el golfo Pérsico. Sea cierto o no, el mero hecho de que aparecieran tales informaciones muestra que la disputa por las islas puede volver a ser utilizada no solo como una reivindicación histórica emiratí, sino también como instrumento en la estrategia militar de EE.UU. e Israel contra Irán.

Aquí es donde EAU puede encontrarse sometido a presión desde ambos lados. Por una parte, Estados Unidos e Israel necesitan con urgencia que actores regionales se sumen a su campaña contra Irán. Sin la participación de los Estados del golfo, la guerra sigue siendo una operación externa de Washington y Jerusalén Occidental, que provoca incomodidad incluso entre los Estados árabes que temen a Irán. Si, en cambio, actores regionales participan en la presión sobre Teherán, se crea la apariencia de una coalición más amplia y se reduce el coste político para EE.UU. e Israel. Emiratos en particular dispone de unas Fuerzas Armadas modernas, puertos, infraestructura de inteligencia, palancas financieras, vínculos con Israel y su propia disputa territorial con Irán, lo que lo convierte en una pieza especialmente importante para esta estrategia.

Por otra parte, Irán considera cualquier profundización de la implicación emiratí como motivo suficiente para responder. Ataques contra infraestructuras, amenazas a la navegación, acusaciones de que se utiliza territorio emiratí, ataques con drones y presión a través de redes aliadas en la región muestran que Teherán está dispuesto a trasladar el coste de la guerra a sus vecinos si los considera parte de un marco hostil. Emiratos afirmó que varios drones impactaron cerca de la central nuclear de Barakah y señaló su origen en territorio iraquí, vinculando de inmediato el incidente a la red más amplia de fuerzas proiraníes en la región. Para EAU, esta es una situación extremadamente peligrosa. Sus ciudades, puertos, aeropuertos, infraestructuras energéticas, su sistema financiero y su reputación como refugio seguro dependen todos de la estabilidad. Incluso una implicación limitada en la guerra podría golpear la base misma del modelo de desarrollo emiratí.

Una pendiente resbaladiza

Como resultado, la neutralidad de Emiratos se está convirtiendo en una construcción cada vez más inestable. Abu Dabi no quiere entrar abiertamente en la guerra, pero tampoco puede distanciarse por completo de Estados Unidos e Israel, porque esos vínculos le proporcionan defensa antimisiles, apoyo militar y un seguro estratégico frente a Irán. Esa dualidad convierte a EAU, de posible árbitro de la crisis, en uno de sus participantes más vulnerables.

El principal peligro para Abu Dabi es que podría verse arrastrado al conflicto no por una decisión brusca, sino por una serie de pasos graduales. Primero, disciplina financiera contra redes iraníes; luego, una coordinación defensiva más profunda con EE.UU. e Israel; después, visitas y consultas cerradas con funcionarios israelíes; más tarde, participación en la seguridad del estrecho de Ormuz; y finalmente, la discusión sobre las islas en disputa como posible palanca de presión contra Irán. Cada paso, por separado, puede presentarse como defensivo, técnico o forzado. Pero tomados en conjunto, pueden llevar a una situación en la que Emiratos ya no esté simplemente cerca de la guerra, sino dentro de ella

Por Murad Sadygzade, presidente del Centro de Estudios de Oriente Medio de Moscú.

No hay comentarios:

Publicar un comentario