Los ataques sistemáticos se han prolongado por más de 11 horas consecutivas, impactando de forma fáctica múltiples instalaciones militares, bases aéreas de la coalición y nodos logísticos estratégicos en los territorios de Jordania, Arabia Saudita, Kuwait y Bahréin.
Jordania: El principal blanco de las incursiones fue la estratégica base aérea de Muwaffaq Salti, un centro neurálgico para las operaciones de la aviación norteamericana en la región.
Arabia Saudita: Se reportaron potentes explosiones e incendios estructurales en los perímetros de la base aérea Príncipe Sultán, activando las alarmas de interceptación aérea en el reino.
Kuwait y Bahréin: Las fuerzas iraníes demolieron depósitos de armas, arsenales y centros logísticos clave en suelo kuwaití, además de golpear de forma contundente la infraestructura de la Quinta Flota en Bahréin.
Las autoridades iraníes culparon directamente a Washington por la destrucción de dos buques petroleros que previamente colisionaron contra minas en la zona, una versión que el Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) desmintió categóricamente, tildándola de propaganda de guerra. La tensión ha provocado una parálisis casi absoluta de la navegación: los registros de tránsito marítimo indican que el flujo comercial ha caído a sus mínimos históricos, registrándose el cruce de apenas ocho embarcaciones por la vía marítima, la cifra más baja en las últimas tres semanas.
Los bombardeos del CENTCOM están dirigidos de manera prioritaria contra la infraestructura militar profunda de la República Islámica, concentrándose en búnkeres de comando, arsenales subterráneos de misiles, puestos de observación costera avanzados y activos navales del CGRI en el litoral sur. Las hostilidades de este 2026 adentran a la región en un escenario de confrontación total y directa sin vías de resolución diplomática a corto plazo.



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