Piden
desaparecer la parte baja del barrio de inmigrantes magrebíes y árabes de Molenbeek
en Belgica (la cuna del yihadismo en Europa)
El
odio nace en Molenbeek
http://www.abc.es/internacional/abci-odio-nace-molenbeek-201603230346_noticia.html
Los peores ataques de los últimos
tiempos tienen en común su conexión con un barrio de inmigrantes de Bruselas
GUILLERMO
D. OLMO
Madrid
–
23/03/2016
a las 03:46:37h. - Act.
a las 03:46:41h.
Cuando Salah
Abdeslam, uno de los responsables de los ataques del 13-N en París, regresó al
distrito bruselense de Molenbeek en el último
capítulo de su huida desesperada de las fuerzas de seguridad cerró el círculo
de su historia criminal.
De allí
salió con el cerebro lavado dispuesto a matar en nombre de la yihad contra
Occidente y allí cayó en manos de los agentes cuando, tras casi medio año a la
fuga, no encontró más lugares donde esconderse. Su hermano Ismail, que se
inmoló en la sala Bataclan,
también se había criado en las calles de un barrio que se ha convertido en el
principal quebradero de cabeza para los cuestionados servicios de la seguridad
belga.
Antes que
los hermanos Abdeslam, Molenbeek alumbró otros
sanguinarios terroristas. De allí salieron las armas
que regaron de sangre la redacción de «Charlie Hebdó» en París y el «lobo solitario» que supuestamente mató a cuatro
personas en el Museo Judío de Bruselas. Incluso
uno de los integrantes de la célula del 11-M en Madrid había pasado por
Molenbeek.
Los
antecedentes dan idea de por qué los registros policiales se han convertido en
habituales en el lugar, aunque estos parecen más un intento tardío por amansar
un avispero alborotado. Edwin Bakker, del Centro de Terrorismo y Antiterrorismo
de la Universidad de Leiden, dijo a Reuters que «hay
partes donde la Policía tiene muy poco control».
Molenbeek,
en puridad, hay dos.
El alto, que
es una zona residencial que nada tiene que envidiar a las de otras capitales
europeas,
y
el bajo. Es en este
donde está el problema. De sus alrededor de 100.000
habitantes, 40.000 son de origen marroquí, como los hermanos Abdeslam.
Son en su mayoría los hijos de una inmigración que ha ido aglomerándose en el
barrio en los últimos 40 años y que sufre una tasa de
desempleo superior al 40%. Mucho más que la media de la población belga,
que se situó en enero por debajo del 8%. Aquí,
en el bajo Molenbeek, el francés es una lengua residual
y el árabe domina las conversaciones. De los alrededores de la estación
Conde de Flandes cuentan quienes los han recorrido que se parecen más al zoco
de cualquier medina del Magreb que a un distrito en la capital de la Europa
unida.
A primera
vista, para el visitante no se trata de un lugar peligroso. Durante el día se
puede pasear con tranquilidad por sus calles. Solo al caer el sol, el menudeo
de drogas callejero se percibe como amenaza. Pero lo peor es lo que no se ve.
En Bélgica ha
proliferado en los últimos tiempos un contrabando de
armas automáticas que tiene en Molenbeek su mercado con más demanda. Su
auge se ha visto favorecido por las lagunas derivadas de la descentralización
de la vigilancia policial, consecuencia de la división cultural y
administrativa entre flamencos y valones, las dos comunidades del país.
También han
arraigado en los últimos años centros de predicación
salafista en los que las ideas fanáticas de Daesh y otras marcas
yihadistas encuentran eco y llegan a oídos de jóvenes de origen magrebí que no
se han integrado. Como explicó en las páginas de «The
Guardian» el sacerdote Johan Leman, que trabaja en su inserción social, «una muerte heroica les hace, al menos una vez en la vida,
ser alguien a ojos de sus camaradas y a ojos de Alá».
Del
barrio a Siria
Con once
millones de habitantes, Bélgica tiene medio millón de
residentes musulmanes. De los que viven en Molenbeek, cuenta Leman, la
inmensa mayoría de ellos son gentes de paz que perciben el discurso extremista
como dañino para el futuro de sus hijos. Pero, proporcionalmente, la pequeña Bélgica es el país europeo que más carne de cañón
aporta al ejército de Daesh. George Dallemagne, diputado belga,
describió un circuito que, como la fatal peripecia de Abdeslam, empieza y acaba
en el que es hoy el barrio más famoso de la enlutada Bruselas. «Se radicalizan en Francia, van a Siria a combatir y, cuando
regresan, encuentran en Molenbeek el apoyo logístico y las redes necesarias
para realizar sus ataques terroristas».
A media hora
escasa de tren de alta velocidad de París, Bruselas se ha convertido en la
mejor plataforma logística para los golpes del califato en la UE. Nunca antes
Bélgica había sufrido tanto, pero nadie puede asegurar que no vaya a hacerlo en
el futuro. No mientras Molenbeek siga siendo el vivero inagotable del odio.
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